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¿Se podrá ganarle a la inflación?

El FMI no puso nuevas condiciones y la administración de Mauricio Macri sutilmente dejó de mencionar el tema. Ya no hay proyección oficial.

El interrogante que le da título a esta columna lo formula el economista Camilo Tiscornia, quien sostiene que con las medidas anunciadas (y que comenzó a implementar desde ayer) el gobierno de Cambiemos abandonó formalmente el régimen de metas de inflación. Argumenta que el esquema monetario y cambiario que se implementó a partir del nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional derivó en esta situación que obliga a preguntarse si es posible, esta vez, ganarle a la inflación. Es lo que también se pregunta, con una carga extraordinaria de preocupación, el ciudadano de a pie que no tiene más parámetros que su bolsillo para medir la realidad. Y está a la vista: no hay nueva meta de inflación. El FMI no puso nuevas condiciones al respecto y la administración de Mauricio Macri sutilmente dejó de mencionar el tema. Ya no hay proyección oficial. ¿Será de 40% anual o más? Ahora nadie lo sabe.

Tiscornia, que además es profesor de la Universidad Católica Argentina (UCA), certifica que desde el punto de vista monetario-cambiario, el nuevo acuerdo con el FMI derivó en el abandono formal del régimen de metas de inflación con que el Banco Central de la República Argentina (Bcra) se venía manejando desde que el macrismo asumió en diciembre de 2015. Resalta en ese sentido que, “el mismo no fue efectivo para bajar la inflación; hubo que revisar las metas al alza y, así y todo, no pudieron cumplirse. Es un tema muy polémico, pero creemos que la falla no fue tanto del régimen en sí mismo como de la falta de consistencia entre el ritmo de reducción del déficit fiscal y el planeado para la inflación”. En un artículo que aquí se reproduce, el economista dice: El nuevo presidente del Bcra ratificó que el objetivo de la institución es bajar la inflación, pero estableció que ahora la política monetaria se manejará apuntando a controlar la evolución de la base monetaria, es decir, la cantidad de billetes y monedas de la economía, pero sin especificar ninguna meta de inflación. Y, en concreto, especificó que el objetivo es que la base monetaria se mantenga constante (en promedio mensual) hasta junio del año que viene (sumando en diciembre algo más de 6% debido a la mayor demanda estacional de dinero a fin de año). ¿Cuál es la justificación del nuevo esquema? La indudable correlación existente en un plazo largo entre el ritmo de emisión monetaria y el ritmo de aumento de los precios, o sea, de la inflación. Este el principal pro del nuevo esquema, pero, como cualquier régimen monetario, también tiene sus contras, a lo que se suman limitaciones propias de la aplicación del mismo en las circunstancias argentinas. Una contra surge del hecho de que hay distintas definiciones de emisión monetaria y, en general, las que mejor correlación tienen con la inflación no son las que más controla el Banco Central. Habitualmente, la base monetaria, que es la medida monetaria que busca controlar ahora el Central, no es la que más correlación tiene. Otra contra es que la mencionada correlación se aplica en plazos largos, por ejemplo, a lo largo de varios años. En plazos más cortos se debilita y está muy condicionada por la evolución de lo que los economistas llamamos la demanda de dinero. Esto implica que el impacto inflacionario de una determinada trayectoria de base monetaria dependerá de cómo se comporte la demanda de dinero; en concreto, si ésta cae, la inflación termina siendo superior a lo que marcaría el ritmo de emisión monetaria. Esto es particularmente relevante en Argentina. Entonces, ¿se podrá esta vez ganarle la batalla a la inflación? La respuesta es que, en la coyuntura argentina, eso no depende sólo de la política monetaria. Para que haya resultados y, sobre todo, que sean duraderos, se requiere que el déficit fiscal se revierta.s