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La expectativa en clave política

Macri seguramente tiene claro que es poco probable que la econo­mía le otorgue un guiño favorable. Dependenta entonces de la política.

Los indicadores económicos y sociales refle­jan, en cifras y porcentuales, la realidad en un país sumergido en una nueva crisis, que por supuesto tiene su correlato político e impacta de lleno en la administración de Mauricio Macri, cuya popularidad ha descendido a niveles impensados hace menos de un año cuando se impuso con holgura (y alguna trapisonda comunicacional durante el escruti­nio) en las elecciones legislativas de medio turno. Fue el 22 de octubre de 2017 y el resultado de las urnas pa­recían mostrar un camino asfaltado para Cambiemos. Todavía no se cumplió un año y aquel acontecimiento es un recuerdo que quedó lejano, como si fuera de otro tiempo. El desbarrancamiento de la economía, que trajo aparejado el deterioro social (desempleo, pobreza, etc.) convirtió en un su­frimiento la sobremesa de aquella victoria: el Presidente lo padece en cada nuevo sondeo de opinión pública.
Sin embargo, paradojas de la política argentina, Macri podría concebir un segundo mandato, incluso a pesar de su desastrosa gestión. La ausencia de una opo­sición seria y con candidatos po­tables le reservan al líder del PRO alguna chance de volver a seducir al electorado. No ne­cesita mucho, apenas algunos resultados auspiciosos.
El periodista Emiliano Rodríguez, en una columna de opinión de NA, lo explica de la siguiente manera: “Así de sorprendente es posible que llegue a tornarse esta suerte de arte que involucra, entre otras aristas, al manejo de masas, de la voluntad popular, y cuyo éxito -medido en votos en unas elecciones- depende de dar en la tecla con una estrategia comunicacional adecuada y poderosa. Acertar o no, ésa es la cuestión. Convencer o no”.
Al Gobierno le está costando generar confianza en medio de la crisis por la que transita su gestión y el país en general. Y es cierto que en la Argentina se suele votar con el bolsillo o, mejor dicho, en función de las expec­tativas económicas.
Que la sociedad considere que el rumbo del país es el apropiado, pese a que tropiece cotidianamente con situaciones adversas, y que presuponga que las condi­ciones de vida mejorarán en un futuro cercano es cru­cial para que un dirigente político en ejercicio del poder pueda obtener en las urnas el respaldo que necesita para renovar su mandato. Macri está dispuesto a some­ter al escrutinio de esa disyuntiva su destino político el año que viene. Seguramente tiene claro que es poco probable que la economía le otorgue un guiño. Será en­tonces todo de la política.
“La economía no nos va a hacer ganar las elecciones, hay que domarla para no perder”, enfatizó el radical Mario Negri durante una cumbre que realizó el viernes el oficialismo en Capi­tal Federal. Allí estuvo el goberna­dor de Corrientes, Gustavo Valdés (UCR). Dicen que no hablaron de las elecciones, la agenda social ocupó la atención de los aliados, sin embargo está claro que el obje­tivo final es siempre político.
“Para recuperar la confianza de la gente debemos demostrar que somos los mejores pilotos de tor­menta”, dijo Rogelio Frigerio, uno de los pocos dirigentes de Cambiemos que salva el pe­llejo en las encuestas.
Ese mismo viernes, con el dólar rozando los $42, el presidente Macri se apuró a confirmar que está listo para pelear por la reelección. Enfrente todavía no tiene a nadie, o visto de otro modo, tiene a todos. El jueves hi­cieron una cumbre Juan Manuel Urtubey, Sergio Massa, Juan Schiaretti y Juan Miguel Pichetto que pretenden articular el peronismo federal no kirchnerista. A priori, ninguno de estos nombres hace sombra. Pero todavía falta un año para las elecciones y está visto, puede pasar de todo. Y además está Cristina Kirchner, que aunque cascoteada, tiene un piso electoral inconmovible.
La economía los pondrá al ras, después será cuestión de expectativas.