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Pobreza cada vez más dura

Según otro reporte del indec, que se refiere a la distribución del ingreso, aporta evidencias reveladoras respecto a los factores causales que explican la pobreza.

El impacto de los indicadores difundidos por el Indec la semana pasada, respecto a la pobreza, sigue siendo analizado, y surgen de ese trabajo oficial otros datos de alto impacto.

La situación económica del país (del primer semestre) da cuenta de una realidad compleja, la que se verá aún más afectada cuando se difundan los datos de la segunda mitad de 2018, con la devaluación como eje central. En los hogares pobres de la Argentina hay 2,5 miembros que no trabajan por cada uno de los integrantes que están ocupados, indica un informe de la entidad Idesa. En su estudio semanal, la consultora indicó que la pobreza se mantiene alta, y que “más allá de la coyuntura, hay raíces estructurales”, y que “una de ellas es la alta proporción de integrantes que no trabajan”. El Indec señaló que en el primer semestre de 2018 la pobreza alcanzó al 27,3% de la población, algo inferior a igual período de 2017, que era del 28,6%, pero superior al del segundo semestre de 2017, que era del 25,7%. “En rigor, estas diferencias deben ser tomadas con cautela, porque la medición de la pobreza adolece todavía de muchas debilidades. En particular, el 20% de los hogares que integran la muestra con que se mide la pobreza son excluidos para la estimación, porque alguno de sus miembros no declara alguno de sus ingresos. Esto hace recomendable tomar la medición como aproximativa y tentativa”, aclara el informe del Idesa. Otro reporte del Indec, referido a la distribución del ingreso, aporta evidencias reveladoras respecto a los factores causales que explican la pobreza. “Uno particularmente sugerente es la cantidad de miembros de los hogares que generan ingresos a través de su trabajo, con relación a los miembros que no contribuyen monetariamente al sostenimiento de la familia, por estar en la inactividad laboral”, indica la entidad. Según datos oficiales, en el promedio de los hogares, por cada miembro insertado en el mercado laboral hay 1,4 miembros que no trabajan. En el 30% de los hogares de menores ingresos (población pobre) hay 2,5 miembros que no trabajan, por cada miembro ocupado, y en el 30% de los hogares de mayores ingresos hay menos de 1 persona que no trabaja por cada una que sí lo hace. “Estos datos señalan que una característica distintiva de los hogares pobres es la alta inactividad laboral. Los trabajadores que integran las familias pobres sostienen más del doble de dependientes que los que integran los hogares de mayores ingresos”, consideró la consultora. Asimismo, agrega que “los problemas se potencian, porque además reciben remuneraciones mucho más bajas y, en la mayoría de los casos, en la informalidad”. Según el informe, entre las familias pobres sólo la mitad de los ingresos provienen de una fuente laboral, mientras que el resto son de fuentes no laborales, en general, del asistencialismo y la caridad. En cambio, en el 30% de los hogares de mayores ingresos casi el 80% de los ingresos provienen de una fuente laboral, mientras que sólo el 20% tienen origen no laboral y, mayoritariamente, provienen de jubilaciones, pensiones y rentas de la propiedad. “Se confirma que el asistencialismo, en el mejor de los casos, aporta paliativos, pero no es una herramienta eficaz para la promoción social”, indicó la entidad. La política social, dicen desde el Gobierno, apunta a sostener el ingreso de los que menos tienen. Una revelación en tiempos de posverdad y de ajustes extremos.s