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¿A cuánto cotiza la paciencia?

Dujovne practicó dar una esperanza sobre la base de un dato negativo; “sin el acuerdo con el FMI, corríamos el riesgo de hacer un ajuste fiscal aún más duro del que estamos haciendo”.

En el marco del giro discursivo que estrenó el gobierno de Cambiemos y que comenzó con algunos mensajes de sinceramiento del presidente Mauricio Macri sobre la realidad económica y social del país, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, dijo en las últimas horas que esperan “meses duros” por el proceso recesivo que está en macha y pidió a la gente un poco más de “paciencia”. Por idéntico sendero transitó el Jefe de Estado la semana pasada cuando le tocó dar aviso del crecimiento del índice de pobreza en el país, en esa oportunidad anticipó que las próximas mediciones reflejarán marcas todavía más negativas. Esa fue la señal de cambio de estrategia, a partir de entonces las principales espadas de la Casa Rosada empezaron a utilizar cuanto micrófono tuvieron delante para advertir que el último trimestre del año se hará cuesta arriba.

Ayer le tocó el turno a Dujovne, el hombre que tiene el contacto con el Fondo Monetario Internacional. En tren de sincerar el proceso, conforme a las nuevas directivas comunicacionales, dijo: “Estamos atravesando una recesión y así será por un tiempo, tenemos que convivir con los efectos de los shocks que hemos sufrido”, y completó el diagnóstico con una gragea de esperanza: “Yo le pido a la gente que tenga paciencia, nos espera un momento difícil y duro, pero luego saldremos adelante”. La nueva partitura oficial es una realidad bien dosificada con una pizca de optimismo. Ahora bien, ¿a cuánto cotiza hoy la paciencia? Difícil saberlo, pero para el macrismo es imperioso superar el último trimestre sin agotar el poco crédito que le queda. Las chances electorales dependen, en buena medida, de un inicio de año 2019 con algo para prometer. Y en esa materia, aunque la gestión ha demostrado ser muy creativa, ya no queda nada para ensayar, especialmente porque todos los indicadores muestran retroceso. Y algo es seguro en la Argentina, siempre se puede estar un poco peor. Ayer, Dujovne practicó dar una esperanza sobre la base de un dato negativo; “sin el acuerdo con el FMI, corríamos el riesgo de hacer un ajuste fiscal aún más duro del que estamos haciendo”, dijo. Razón no le falta, pero el sinceramiento disimula la incompetencia de la gestión de Cambiemos para ordenar la economía, emprolijar las cuentas y potenciar el desarrollo sin recurrir en el fenomenal endeudamiento que únicamente alimentó un endeudamiento financiero. Por último, el ministro vaticinó que la inflación trepará a 42% este año. Lo dijo sin ruborizarse. A principio del ejercicio, con Sturzenegger y Caputo a su lado, establecieron como meta un 15% anual. Se equivocaron por mucho. En paralelo, ayer se conoció el Relevamiento de Expectativa de Mercados (REM) que elabora el Banco Central de la República Argentina sobre la base de la opinión de los actores económicos. El sondeo (que es oficial) determinó que la inflación esperada para 2018 subió a 44,8%. Además, estima una inflación núcleo (sin tener en cuenta los productos y servicios que tienen cambios estacionales bruscos) de 44%, 3,5 puntos porcentuales por encima de 2017. La inflación para los próximos doce meses (es decir de aquí a septiembre del año venidero) será de 31,9%, según el relevamiento. Por otra parte, los participantes del REM proyectaron una caída del Producto Bruto real para 2018 de 2,5%. A su vez, para 2019 esperan una caída del PIB real de 0,5%. Los analistas vaticinan que tanto la inflación general como la núcleo se reducirán en el primer trimestre de 2019 hasta un promedio mensual de 2,4% y 2,2%, respectivamente. Ésta es la gran esperanza del gobierno de Macri, pero hay que atravesar el último trimestre. Y la única manera de llegar es con paciencia. s