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Elecciones presidenciales en Brasil

El país que votó a Bolsonaro

La frustración con los políticos y las soluciones extremas para resolver la violencia y la corrupción movilizaron a los partidarios.

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Los brasileños votaron ayer en un clima de tranquilidad, que contrastó con la agresiva campaña que polarizó al país y dejó al ultraderechista Jair Bolsonaro como favorito para la primera vuelta. Tras los comicios por la mañana en la zona oeste de Rio de Janeiro, Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), reiteró su expectativa de liquidar el pleito sin necesidad de una segunda vuelta, prevista para el 28 de octubre si ningún candidato obtiene más de la mitad de los votos válidos. “El 28, vamos a la playa”, declaró el ex capitán del Ejército, de 63 años, que el 6 de septiembre fue apuñalado durante un mitin de campaña. El segundo colocado, Fernando Haddad (25%), del Partido de los Trabajadores (PT izquierda), del encarcelado ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, votó en la zona sur de San Pablo, donde fue recibido por militantes al grito de “Brasil, urgente, Haddad presidente”, en tanto que vecinos de ese acomodado barrio golpeaban sus cacerolas para expresarle su rechazo. Bolsonaro y Haddad son los favoritos y, al mismo tiempo, los candidatos con mayor índice de rechazo.

retratos de lo que piden los votantes

Clara Gentil, una electora de Rio de Janeiro, se presentó a la oficina de voto en el barrio de Copacabana usando una camisa con la inscripción “Él No”, que sirvió para congregar a quienes quieren impedir la llegada al poder del diputado Bolsonaro, quien a lo largo de su carrera acumuló pronunciamientos misóginos, homófobos y racistas, y justificó los métodos de tortura de la dictadura militar (1964-1985). “Los brasileños fueron manipulados para votar por odio”. La clase media brasileña se siente asfixiada por la alta carga tributaria que, según ellos, impide que se generen más empleos. Por eso se muestran reacios tanto a los derechos laborales de los trabajadores como a los programas sociales -los cuales meten en el mismo saco como si fueran lo mismo-. “Es mejor tener a gente trabajando que en casa disfrutando de los derechos que creó el PT; eso no es sano para el país. Se ha creado un agujero con el seguro de desempleo, con la Bolsa Familia (la medida estrella para luchar contra la pobreza en los 15 últimos años)... No hay más que ayudas y subsidios. Y alguien tiene que pagar esa factura. Hay que ponerlos a todos a trabajar y acabar de una vez con todo eso”, sostuvo un elector y agregó: “Es mejor tener a gente trabajando que en casa disfrutando de los derechos que creó el PT”. Que las clases altas y las clases medias tradicionales se identifiquen con el candidato ultraconservador y su perfil autoritario es sólo una parte de la historia. Bolsonaro viene conquistando una inmensa masa difusa de electores, muchos de los cuales mejoraron su vida durante los años de Gobierno del PT -13 de los últimos 15- y que hoy pertenecen a las franjas de ingresos intermedios. Muchos de ellos son evangélicos y pertenecen a una clase trabajadora que, además de estar indignados con la corrupción y la violencia, es conservadora en sus costumbres. De alguna forma encuentran en Bolsonaro una forma de reaccionar frente a los avances en derechos sociales, así como ante las posturas de los movimientos Lgbt y el feminista.s