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El retroceso más allá de la ideología

Argentina ocupa puestos de vanguardia en dos ranking negativos: está quinta entre las naciones con más inflación, y es una de las economías que más caerá en 2018.

Carlos Saúl Menem, que acaba de zafar de una condena en la causa judicial que se abrió hace veinte años por la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia, patentizó durante sus días en el poder -justamente cuando los fusiles argentinos alimentaban clandestinamente una guerra sin que haya responsable visible- una frase que definía el derrotero del país en aquellos días: “Estamos mal, pero vamos bien”. Dos décadas después el oxímoron menemista tiene nuevos (viejos) recitadores. El presidente Mauricio Macri que enfrenta problemas en todos los cardinales, incluso en el frente interno como coletazo de esa absolución que recibió Menem, insiste en que el camino elegido “es el correcto”. Lo repitió ayer en el marco de un acto en la provincia de Buenos Aires, donde volvió a reconocer que la marcha se está haciendo cuesta arriba, pero no hay otra alternativa. ¿Será tan así? Está por verse. “Sé que cuesta, sé que estamos pasando un momento difícil, en que hay que ajustarse para llegar a fin de mes”, dijo el Presidente de Cambiemos al encabezar la inauguración del Metrobús de Morón acompañado por la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. No obstante, pese a las señales negativas instó a “confirmar que el país tomó el camino correcto”.

Las dificultades que plantea esta coyuntura gestionada por el macrismo, ciertamente ponen en el plano de la duda si lo anterior era lo incorrecto. Desde la llegada de Cambiemos -hace ya tres años- el retroceso en la calidad de vida que ha experimentado la población argentina, producto del descalabro económico, ponen en juicio si la “vuelta al mundo”, tal como lo dispuso Macri, es un pasaporte o grilletes. En las últimas horas se conoció un diagnóstico pesimista del Fondo Monetario Internacional (FMI), que es en los hechos el nuevo regente de la economía argentina. El organismo vaticinó que este año la economía del país caerá un 2,6% y a su vez, en 2019, la caída será de 1,6%, es decir que en dos años el retroceso significará, en el mejor de los casos, un 5% global. No es una proyección que inspire confianza, sobre todo porque viene del principal prestamista. El informe denominado Panorama Económico Mundial forma parte de la asamblea anual del organismo multilateral, que este año se realizó en la isla indonesia de Bali (donde está presente el ministro Dujovne), y las previsiones en materia de inflación para este año se ubica en el orden del 31,8% por debajo del 40% al 42% en el que oscilan los pronósticos de consultoras privadas locales. El FMI pronostica para 2023 (dentro de cinco años) un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) argentino de 3,2 %, gracias a una “implementación constante de reformas y el retorno de la confianza”. Evidentemente el camino es largo. ¿Estará Macri para ese entonces? El problema es hoy. La Argentina de estos días -gobernada por Cambiemos- tiene el triste honor de ocupar puestos de vanguardia en dos ranking negativos: está quinto entre las naciones con más inflación acumulada, y además figura entre las economías que más caerán en 2018 a nivel mundial. En Sudamérica, la peor de todas es Venezuela, que retrocederá 18%, después viene Argentina con 2,6%. En Centroamérica, la tabla muestra a Nicaragua con 4% y Puerto Rico con 2%. En otros continentes, las notas negativas son para Sudán del Sur, Yemen y Guinea Ecuatorial. Los datos son del Fondo Monetario y resulta llamativo que, por ejemplo, en Latinoamérica la gestión económica de Mauricio Macri sea tan mala como la del chavista Nicolás Maduro. En ese mismo pelotón de economías en retroceso está Nicaragua (gobernada por el sandinismo) y Puerto Rico que es un apéndice de Estados Unidos. Según parece, en las dos puntas del espectro ideológico hay malos gestores.s