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El tradicional Café Tortoni

El faro de la cultura ya tiene 160 años

Es el más antiguo de Buenos Aires. Por el lugar pasaron grandes figuras de la historia artística, política y cultural del país y el mundo.

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Es el más antiguo de la ciudad de Buenos Aires y uno de sus emblemas. En la jornada de ayer el Café Tortoni celebró sus 160 años. Quizás por ello es considerado el faro de la cultura porteña ya que en todos estos años traspasaron sus puertas desde presidentes, reyes, escritores y artistas. Entre los nombres más reconocidos se pueden mencionar a Juan Domingo Perón, Marcelo Torcuato de Alvear, Carlos Gardel y Jorge Luis Borges. El café fue inaugurado en 1858 como la réplica de un bar parisino, y su fundador, el inmigrante francés Jean Touan, buscó recrear aquí el espíritu del Tortoni francés, Meca de famosos, intelectuales y artistas parisinos. Por sus mesas y salones porteños desfilaron a lo largo del tiempo personalidades como Alfonsina Storni, el rey Juan Carlos de España, Baldomero Fernández Moreno, Juan Rulfo y Leopoldo Marechal, Vittorio Gassman, Federico García Lorca, Juan Manuel Fangio, el compositor Juan de Dios Filiberto, Hillary Clinton y el cineasta Francis Ford Coppola, entre muchos otros. El subsuelo del Tortoni sirvió de escenario de cientos de obras de teatro, sede sustituta de la primera Legislatura porteña y de la peña cultural que, entre 1926 y 1943, organizó el artista plástico Benito Quinquela Martín. Las paredes del lugar muestran cientos de fotos, obras de arte y artículos de diarios antiguos que dan cuenta del pasado y de la transformación que sufrió el café a lo largo del tiempo. El Café Tortoni nació en la esquina de Esmeralda y Rivadavia, cerca de donde hoy está la plaza Roberto Arlt, pero para mediados de 1880 el local se trasladó unos metros, ya con nuevos dueños: el matrimonio vasco Celestino Curuchet y Ana Artcanthurry. Cuando en 1894 se inauguró la Avenida de Mayo, el café terminaría por delinear su perfil definitivo ya que sus propietarios decidieron mudar el local a la nueva y elegante arteria. Para la obra contrataron al arquitecto belga Alejandro Christophersen, el mismo que unos años después construyó la iglesia Ortodoxa Rusa de Brasil al 300, frente al Parque Lezama. “Fue el primer bar de la Ciudad que puso mesas y sillas en las calles. Una costumbre parisina que sufrió una variante: en Francia se colocaban alineadas con el frente del local, pero aquí se pegaron al cordón”, señala la historia del Tortoni. El café tiene hasta su propia Asociación de Amigos y un tango escrito por Héctor Negro, musicalizado por la recordada Eladia Blázquez.s