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El tarifazo en el transporte

Los ediles le dieron el gusto a medias al empresariado. A medias, pero gusto al fin. Votaron un incremento del boleto de 72%.

El boleto del transporte público de pasajeros en la ciudad de Corrientes quedó a tiro del piso que pedía el empresariado que explota el servicio en esta Capital. Los dueños de los colectivos querían arrancar el próximo año con $25,50, para -desde ese piso- ir midiendo la capacidad de asistencia del Estado provincial (y municipal) que tiene que ocuparse de ahora en más de los subsidios que antes estaba a cargo del Estado Nacional. Se sabe, con la Ley de Presupuesto que es la ejecución del ajuste que exige el Fondo Monetario Internacional (FMI), el presidente Mauricio Macri les transfirió esa obligación a los gobernadores e intendentes. La estrategia de los empresarios era, una vez logrado el primer paso (llevar el boleto a $25,50), apurar otra actualización tarifaria al cabo del primer trimestre de 2019. No hay que olvidar que el sector hizo campaña -intimidatoria- con cartelería pegada a los colectivos reclamando un boleto a $40. El objetivo no está desactivado, los concejales ayudan.

El jueves los ediles le dieron el gusto a medias al empresariado. A medias, pero gusto al fin. Votaron un incremento del boleto, que desde el 1º de enero pasará a $19. El salto es grande, hoy está a $11. La suba representa un 72%, sumada a la que se dispuso en marzo, que en dos etapas rondaba el 43%, hace un total del 115,7% en el año. Es verdad que con la “tormenta” de la que habla el presidente Macri -léase: crisis- la mayoría de las tarifas se dispararon, pero el aumento que se aplicó en el servicio de transporte público es una exageración en el contexto social en el que se produce. La medida constituye un vergonzoso ataque al bolsillo de los usuarios y ni siquiera está en sintonía con el proceso inflacionario (45% acumulado a noviembre) que de por sí ya es elevado. Mayor es la distancia respecto de los salarios, que en el mejor de los casos (estatales provinciales) recibieron un 25% de incremento. Los privados no tuvieron igual suerte que los empleados públicos, algunos sectores consiguieron perforar el techo del 15% que a principio de año estableció el macrismo, los demás quedaron atrapados en ese rango salarial. Es el caso por ejemplo de los municipales capitalinos que en la última y traumática ronda de paritarias consiguieron arrancarle al Departamento Ejecutivo un 7% extra en tramos: noviembre (3%), diciembre (2%) y enero (2%). Comparados con el 115,7% del boleto, los salarios constituyen un certificado de pobreza. ¿Quiénes ocupan el transporte público? Los asalariados, justamente esos trabajadores que tuvieron incrementos minúsculos. A todas luces la ecuación no cierra, sin embargo igual se vota, luego se homologa y se aplica. ¿Los concejales no ven esta realidad o no les importa? Buena parte de la sociedad, al menos en el universo de usuarios del transporte público, tiende a prejuzgar que los representantes del pueblo atienden cualquier interés, menos los del pueblo. En las horas posteriores a la votación en el recinto del Concejo, que terminó 9 a favor, 4 en contra y 5 abstenciones, en las redes sociales proliferaron los cuestionamientos contra los concejales que levantaron la mano, en particular uno de los más castigados fue un edil muy mediático de ECO+Cambiemos. Le tiraron con munición de todo calibre y es cierto que no resulta difícil pegarle, pero el hombre tiene un alineamiento que no debería causar sorpresa. Es socio del radicalismo y el macrismo adhiere a sus postulados. Ningún votante puede sentirse engañado. Más urticante es la situación de los peronistas kirchneristas que se abstuvieron de votar. Funcionales al interés del oficialismo (y por tanto del empresariado) escamotearon el compromiso público. Tibios o calculadores. Así, cualquier votante podría sentirse confundido, incluso decepcionado.s