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Pena corta a la imprudencia

La justicia interpretó las normas, sustentadas en definiciones que seguramente serán escuchadas en una próxima audiencia, donde se darán a conocer los fundamentos de consistencia plena en el derecho.

Si bien la sentencia del Tribunal Oral Penal 1 de esta Capital a Sebastián Carlos Aguirre estuvo casi en la máxima prevista por la ley, la condena quedó con gusto a poco, además de insuficiente por la situación generada por este hombre que al mando de una autobomba de los Bomberos Voluntarios, un mediodía tomó la calle Viedma a contramano y a gran velocidad, y tras perder el control de la unidad chocó contra una vivienda, la destruyó y por ese impacto falleció la colega bombera Vanesa Saucedo.

Los hechos ocurridos en marzo de 2017 fueron, sin dudas, de gran impacto social, pues pudieron ser más grave. A esa hora se registra en las inmediaciones del barrio 300 Viviendas un gran movimiento de alumnos (hay un establecimiento muy cerca del lugar de la tragedia) y de vecinos, además del fluido tránsito por ser la avenida José Manuel Estrada (lugar por donde pasó el portentoso camión antes de doblar a contramano por la arteria lindante al cuartel) una de las vías más importantes de comunicación de la populosa barriada Sur (complejo Mil Viviendas) con el centro de la ciudad. Claramente los hechos pudieron ser aun peor, y por suerte no lo fueron. Y esta circunstancia también es estudiada por los jueces a la hora de la sentencia: lo que pudo haber ocurrido por determinada acción. En el cierre del juicio oral, Zulma Gómez, la madre de la bombera fallecida, ensayó un cierre para el dolor que aún subyace en el seno de una familia trabajadora. “Iré a decirles a mis nietos que se hizo justicia por su madre. Que su mamá es una heroína”, dijo consternada la mujer ayer, a la salida del edificio Patono, sede de los tribunales orales capitalinos. En la permanente lucha respecto a las cosas por juzgar, sin dudas que la equidad de los jueces debe poner en blanco sobre negro una situación que, de acuerdo a lo manifestado por los abogados que representan a la familia, la pena fue justa, pero por ser el primer caso de este tipo que se juzgaba, la cuestión pudo ser más ejemplificadora. Algo así como sentar un precedente concreto, de firmeza respecto a lo ocurrido y sus secuelas, para que la sociedad sienta que la Justicia acompaña y no deja dudas respecto a acciones que consternan y generan desazón social por la sucesión de imprudencias de quienes deben asistir a los ciudadanos en circunstancias límite, como los bomberos. Y es que además de la muerte de la madre bombero, también el dueño de la vivienda siniestrada fue víctima de la imprudencia. A los pocos días de lo ocurrido sufrió complicaciones en su salud como consecuencia de ello, y luego falleció como producto de esa dolencia. Todo mal también para esa familia, que de tener un pasar tranquilo, de repente su hogar quedaba destruido, el jefe de la familia enfermo y sus derivaciones. La Justicia interpretó las normas, sustentadas en definiciones que seguramente serán escuchadas en una próxima audiencia, donde se darán a conocer los fundamentos de consistencia plena en el derecho. Pero más allá de esto (todo en el marco pleno de la ley) siempre quedará en la sensación de los actores de este caso en particular, y de la sociedad en general, que el Poder Judicial puede dar más. Puede ser el responsable de ubicar determinados acontecimientos en un contexto social, que muchas veces supera a la letra escrita de la ley y está inmersa en su espíritu. Sólo faltan intérpretes idóneos, que puedan asumir el cargo no solamente por el conocimiento y la búsqueda del prestigio, sino que, como integrantes de una sociedad, busquen el bien común y la justicia como objetivo supremo.s