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El debate les ganó a los hechos

El poder legislativo cierra un año con claroscuros. Temas esenciales han quedado en la agenda para el 2019, que es un año electoral.

Como colofón del año que se despide -definitivamente- se multiplican en distintos ámbitos, públicos y privados, los balances del ejercicio que está a punto de vencer. Una evaluación, un ejercicio de retrospectiva, que es indispensable para medir el avance, si es que hubo tal progreso, pero fundamentalmente para dimensionar la tarea que queda por delante; los objetivos que plantea el nuevo tiempo. Uno de los espacios institucionales donde abundan los balances, pero siempre de manera individual, es el Poder Legislativo. Pocas veces -casi nunca- la institución ofrece una memoria y balance de lo actuado durante el año, a menudo son los presidentes de las cámaras los que ensayan un repaso, que aunque constructivo no deja de tener una mirada personalista. Políticos al fin, el examen está condicionado por intereses, simpatías y compromisos. Idéntico déficit se constata en los otros poderes del Estado, así que le queda al periodismo finalmente la tarea de evaluar rendimientos y establecer méritos. No siempre esa misión se logra con lucidez.

Como sea, el hecho es que la actividad legislativa estuvo este año -a nivel nacional y también en el orden local- más signada por el debate que por las concreciones. Las sucesivas frustraciones, en un espacio que debería caracterizarse por la generación de consensos, expone la debilidad medular del sistema político argentino: la crisis de representación de la clase legislativa y los excesos de individualismo. El mal tiene un origen, la debacle de los partidos políticos. Lo que otrora era un semillero de formación de dirigentes, que puestos en la vida pública llevaban un vínculo con su partido y con la sociedad, hoy ha desaparecido, ya no existe. Sólo hay sellos. Este cuadro dio por resultado una degradación de la calidad institucional y la democrática se resiente justamente donde mejor se debería expresar, en el debate parlamentario. La falta de consenso se hace ostensible en la proliferación de representaciones pequeñas, cambiantes, indescifrables. Si a eso se agrega la confrontación de intereses -natural de la política- en el contexto de un año plagado de dificultades económicas, el saldo es pobre. Por ejemplo, en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación se postergaron un puñado de proyectos que comprenden la instauración de los juicios por jurado, de educación sexual, la reforma a la ley de alquileres, el aborto y la extinción de dominio para recuperar los bienes productos de la corrupción. El cuerpo concluye 2018 con la peor producción legislativa desde la restauración democrática, ya que sólo se realizaron en el período ordinario 11 sesiones a lo largo del año, de las cuales cuatro fueron los informes del jefe de Gabinete, Marcos Peña. De todos modos, y más allá de esas cuestiones pendientes, el año parlamentario podría arrancar con el debate de la reforma del Código Penal, que el presidente Mauricio Macri presentaría el 1 de marzo en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Si bien 2019 es un año electoral, y la producción parlamentaria se ve reducida por la campaña proselitista, el oficialismo aspira a avanzar en acuerdos con la oposición para poder debatir cuestiones pendientes que no sean conflictivas, y para evitar la tradicional merma legislativa en un año de comicios. ¿Y por casa cómo andamos? La Legislatura correntina, si bien consiguió equilibrar el marcador en contra casi a final de año, también ha dejado temas esenciales en la agenda: la ley de paridad de género en las listas de cargos electivos es, sin dudas, la más trascendente. En segundo orden el proyecto de ley para habilitar el voto joven. Llamativamente ambas iniciativas fueron propuestas por el Poder Ejecutivo provincial, pero aun así no consiguió el concurso de la bancada oficialista. s