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Comenzó el ruido en la calle

No hay que perder de vista que comienza a correr el reloj hacia las urnas y eso también es gravitante.

Hay ruido en la calle, especialmente en la Ca­pital Federal y el Conurbano bonaerense. También en otras capitales grandes, pero el batifondo más significativo se dio en el epicentro del poder nacional. El presidente Mauricio Macri no tuvo oportunidad de escucharlo, descansa en el Sur argentino, pero seguramente está informado de los golpes de cacerolas que comenzaron a sonar en las calles porteñas. El motivo: los aumentos de tarifa de servicios públicos que el Gobierno presentó -avie­samente- en medio de las Fiestas para morigerar su impacto. Lo consiguió, el brindis se desarrolló en paz, pero después de la resaca comenzó la percusión y no es por la llegada de los Reyes Magos y la festividad de San Baltasar.
Por el momento la protesta parece espontánea, pero los sin­dicatos (las CTA, los Moyano) es­tán tratando de encender algún fueguito. Si bien tiene capacidad limitada de convocatoria no hará falta mucho más para juntar a la gente, agobiada y desencantada. No hay que perder de vista que comienza a correr el reloj hacia las urnas y eso también es gravi­tante.
Los tiempos de la política están sometidos a los cronogramas electorales, por lo que el Gobierno necesita que la recuperación económica se empiece a sentir en el día a día a más tardar en abril próximo, de tal modo que pueda tener alguna chan­ce firme de retener el poder en las presidenciales de octubre. El problema es que los indicadores oficiales, correspondiente al final de 2018, marcan fuertes retro­cesos en la industria y la construcción. Es una herencia difícil de remontar. Herencia propia, para más dato. A eso se suman los mencionados tarifazos que acentua­rán la retracción del consumo. El cóctel no parece fácil de digerir.
A un costo altísimo, que incluyó una devaluación superior al 50% en 2018 y tasas de 60%, la administra­ción de Cambiemos parece haber logrado, por ahora, contener al dólar. Ese es el objetivo principal que Macri parece haberse fijado para los primeros meses de 2019, debido a que los saltos bruscos de la divisa norteame­ricana hacen estragos sobre la economía argentina.
El año arranca con una retracción de tasas en los Es­tados Unidos, lo cual es una buena señal para la Argen­tina. Esto explica el alza de la Bolsa de Comercio en la primera semana del año, la mejora en la cotización de los bonos y la consecuente reducción del riesgo país, que por encima de los 800 puntos sonaba a exagera­do para los mercados. “Existe coincidencia en que JP Morgan exageró las precauciones de default sobre la Argentina, y que en la franja de los 700 puntos el ries­go país tiene más lógica”, señala el analista José Calero. Y agrega que de igual manera “el temor a que la Argentina entre en cesación de pagos en 2020, cuando ya no esté el salvavidas del FMI, sigue siendo una cuestión de primer orden para los inversores”.
Dicho de otra manera, a corto plazo estamos ahogados y a me­diano plazo gobierna la incerti­dumbre. El largo plazo no existe en la Argentina. ¿Quién puede dar se­guridad en este tembladeral? ¿En las urnas se resolverá este desafío? Los pronósticos económicos son poco optimistas. Para Orlando Ferreres, los aumentos de tarifas generarán “más inflación y menos actividad” porque los consu­midores ganan lo mismo. Como no aumentan los suel­dos, deben destinar más dinero a pagar más por los servicios y reducen el consumo. Se va a notar fuerte durante el primer trimestre del año.
El riesgo para el Gobierno es que la situación no se empiece a revertir en abril y que se haga carne la sen­sación de otro año perdido. Los especialistas coinciden en que en el trimestre julio-septiembre podría notarse una mejora en la economía, pero que podría no llegar a sentirse en el bolsillo. En esa especulación juega su proyecto de reelección Macri. El problema es que no hay solución de fondo para el país.