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Entre lo que somos y lo que fuimos

El segundo puente con Chaco es la historia de nunca acabar. También prometido por Cristina, en esa misma fecha de campaña y en la provincia vecina en un acto con el entonces gobernador Capitanich, la obra fue una bandera de campaña desde Cambiemos, incluso con fechas estipuladas para los distintos pasos a cumplir para su concreción.

Las (pocas) obras nacionales que se ejecutan en la provincia representan la realidad de la administración Macri, que se grafica en un viejo dicho: mucho ruido y pocas nueces.

Las descripciones de las necesarias estructuras viales en la provincia, en sus diferentes estadios, dan cuenta de cómo la Nación trata a Corrientes que, en comparación con la administración anterior, podría evaluarse como apenas superior. Y es que con la autovía 14 le alcanzó al kirchnerismo para establecer una marca que aún no fue superada. Son 167 km de doble vía que van desde Mocoretá hasta Paso de los Libres, aunque claro está que esta construcción se dio en el marco de una obra que favorecía plenamente a Entre Ríos, y que Corrientes recibió las migajas de una necesaria conexión con uno de los principales accesos a Brasil, que se da precisamente en el portal con Uruguayana. Claro está que una y otra política dan cuenta del verdadero rol que tiene la provincia en el contexto nacional, más allá de promesas, sintonía y cuanto slogan propagandístico surja en el afán de paliar el casi eterno olvido. Por caso vale enumerar lo que se ejecuta -o debiera ejecutarse- en el marco de las promesas. La autovía 12 (denominada travesía urbana) es quizás el más importante emprendimiento nacional del macrismo en Corrientes. Por estos días sin acción (dicen las autoridades que el parate fue por las fiestas de fin de año, que debían retomarse ayer, pero la lluvia lo postergó) la obra fue prometida por Cristina Kirchner hace seis años. Claro y evidente es que lo hizo en el marco de la campaña electoral en apoyo al candidato del PJ, Carlos Espínola, en su primer intento por llegar al sillón de Ferré. Obvio, nada pasó. Ahora, y luego de mucha pompa y alarde oficial, la obra está en marcha, aunque no al ritmo prometido. A esta altura quedará en manos de la Virgen de Itatí o del Gaucho Gil saber la fecha aproximada de la culminación, con el control nacional que acomoda excusas al son de la música que se ejecuta desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El segundo puente con Chaco es la historia de nunca acabar. También prometida por Cristina, en esa misma fecha de campaña y en la provincia vecina en un acto con el entonces gobernador Capitanich, la obra fue una bandera de campaña desde Cambiemos, incluso con fechas estipuladas para los distintos pasos a cumplir para su concreción. El último a saber era en agosto del año pasado, con licitaciones y estudios que nunca se concretaron. Y la realidad actual: impulsada con el esquema de Participación Pública y Privada (PPP), todo quedó en el tintero, por la crisis. Y es aquí donde, como marco referencial, se dejó de lado un trabajo que las administraciones provinciales de Corrientes (en especial) y Chaco tienen. Desde el Gobierno correntino en 1994 se avanzó con el proyecto para el puente, y además para un complejo multimodal de cargas para unificar puertos y dar impulso a la actividad naviera, hoy casi nula en la zona. Estaba (es más, aún está) vigente para su puesta en marcha. En aquella oportunidad se consiguió hasta el financiamiento, pero todo quedó en la nada, pues la mezquindad política obligó al archivo, porque el proyecto era de un determinado espacio político. La administración del entonces gobernador Tato Romero Feris (1993-1997) dejó todo listo. Hoy se deja todo en manos nacionales, como si la sintonía también estuviera relacionada a la acción desde el tablero de comando federal. Poco (casi nada) sale desde Corrientes, cediendo, entregando las banderas. Y esa es la peor actitud en una provincia que fue fundacional en la organización nacional. s