Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.nortecorrientes.com/a/145027

La lección de (nuestro) Dante

El ignoto laburante que enfrentó a Macri con la realidad, deslizó un mensaje demoledor. Es el clamor silente de muchos argentinos: "hagan algo".

El martes pasado el presidente de la Nación, Mauricio Macri, tuvo que escuchar, en directo, sin intermediarios, el reclamo de un obrero de la construcción que le dio un baño de realidad. “Por favor haga algo por la gente que lo votamos. Con respeto (se lo digo) ¿Qué me importa el Gobierno pasado? Soy laburante. Todos los días me levanto temprano... tratemos de hacer rápido las cosas, pero cada vez estamos peor”, señaló el trabajador. La queja, enfática, pero guardando las formas, quedó registrado en un video que se viralizó en las redes sociales y que motivó la inquietud de la presidencia. Ayer funcionarios de Gobierno fueron a la casa del hombre -llamado Dante- para relevar su situación y, seguramente, escrutar a fondo su pensamiento. En lugar de preocuparse por conocer la historia personal y desentrañar sus antecedentes deberían prestar mayor atención al mensaje. “Hagan algo”, es el clamor silente de mucha gente que -lamentablemente- cada vez está peor.

El reclamo es genuino y no tiene que ver con la política, o sí, pero no la política partidaria, es decir con los formatos de pensamiento que manejan los políticos y especialmente aquellos que tienen una cuota de poder en la administración de la cosa pública. En la Casa Rosada, sin embargo, quisieron cerciorarse de que el obrero está limpio de militancia política o sindical, como si algunas de estas condiciones invalidara el planteo que realizó. El ignoto Dante es nada más que un laburante, que presta servicios como técnico gasista en una empresa de construcción que tiene a su cargo una obra en el complejo habitacional que se edifica a través del Procrear en el barrio Parque Patricios en la ciudad de Buenos Aires. Allí fue justamente, en la obra, donde el trabajador, de mameluco azul y con casco amarillo en la cabeza, desacomodó el protocolo oficial. “Sabés qué, perdoná que tengo que decírtelo, con respeto, estamos en crisis. La gente está decadente. No importa el Gobierno pasado, haga usted ahora”, le espetó a la cara a Macri, quien solo atinó a abrazarlo, mientras el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta le palmeaba el hombro para silenciarlo. El episodio se extinguió sin incidentes, no hubo gritos, gestos ampulosos ni nada parecido. Algunos intentaron distender el clima con tibios aplausos, los funcionarios estaban estupefactos y no era para menos. La exposición de Dante, el tono empleado, el calibre de sus palabras, la postura exhibida ante las figuras del poder público, pero esencialmente el concepto de su reflexión tuvo una contundencia demoledora. Imposible no percibirlo. Es el deseo ensordecedor de una amplia porción de la población del país, al menos un tercio de los argentinos, que espera que los políticos rompan con la lógica de la continuidad y la conservación del mando a expensas de agitar fantasmas y traficar promesas como si fueran chafalonías. Toda la escena constituye un mensaje. El protagonista: un trabajador, obrero para más dato. El lugar: una obra donde los funcionarios simulan una recorrida de gestión y en rigor es una puesta de campaña. Hasta el nombre encierra un simbolismo: Dante. Fue justamente El Dante (Alighieri), autor de “La Divina Comedia”, quien revolucionó su tiempo. Su obra resultó esencial para promover el cambio del pensamiento medieval al renacentista. Ojalá el atrevimiento del Dante de nuestras pampas ilumine un nuevo período en la Argentina. Alcanzaría si logra, al menos, espabilar a las figuras de Cambiemos sobre la necesidad de otra receta, dedicarse más a solucionar los problemas de la gente y no pensar tanto en el éxito que se pueda tener en las urnas. La provincia de Corrientes, que lleva ya dos décadas bajo el mismo signo de gobierno, es el mejor ejemplo de ese trastorno de objetivos.s