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FALLO POLÉMICO EN EL TRIBUNAL ORAL PENAL Nº 1

Mató a su esposa, pero le redujeron la condena al probarse que ella era infiel

José Sánchez podría haber recibido perpetua. Para la justicia, la infideli­dad fue una circunstancia atenuan­te. Le dieron 15 años de cárcel.

La Justicia correntina le disminuyó los años de con­dena a un hombre acusado de asesinar a su esposa por celos frente a los dos pe­queños hijos del matrimo­nio. Por la calificación legal, había una expectativa de pena de prisión perpetua. Sin embargo, tras una ar­dua y polémica discusión que se desató en el estrado del Tribunal Oral Penal Nº 1 de Corrientes, se resolvió que la infidelidad de la es­posa para con el imputado -que según el fallo, se com­probó tanto en la etapa de investigación como en el debate oral- debía conside­rarse una circunstancia ex­traordinaria de atenuación. Por ello fue condenado a la pena de 15 años de cárcel.
Se trata de José Sánchez, de 36 años, declarado cul­pable del crimen de su es­posa, Graciela Leiva, una jo­ven de 19 que fue golpeada y luego degollada durante una discusión matrimonial en 2011 en una vivienda de Ramada Paso.
El fiscal del juicio, Carlos Lértora, si bien en su ale­gato consideró que el en­causado debía ser incluido en la figura del “homicidio calificado por el vínculo” -como lo había requerido el fiscal de la investigación-, entendió que habiéndose probado una situación de infidelidad, el caso debía ser considerado como una circunstancia extraordi­naria de atenuación de su pena. Por ello, solicitó que se le aplique el último pá­rrafo del artículo 80 del Có­digo Penal. Significa que la expectativa de pena baja de la perpetua a lo establecido por el delito de Homicidio Simple: entre 8 a 25 años de prisión.
El actor penal público, pi­dió al tribunal que condene a Sánchez a la pena de 15 años de cárcel.
Y es allí donde se produjo una discordia entre el re­presentante del Ministerio Público y la presidenta del tribunal, Cynthia Godoy Prats (opinión amparada por sus pares vocales, Ri­cardo Carbajal y Rafael Es­carlón). “La circunstancia que se reconozca una escala disminuida, tampoco podía llevar al fiscal a solicitar una pena como la de 15 años de prisión, ya que por la gra­vedad de este hecho, de­bió haber sido una pena mayor’”, expresó Godoy Prats en los argumentos del fallo.
La magistrada opinó: “Dada la edad de impu­tado, y la escasa edad de su esposa, como el mismo nivel social y de instruc­ción de ambos, y el hecho que dejara sin madre a dos niños inocentes de todo el conflicto entre sus padres, debía haber elevado mucho más dicha pena”.
Pero justamente, en la actualidad es tema de dis­cusión la potestad que ten­drían los jueces en avanzar más allá de la concreta con­dena solicitada y pretendi­da por el agente fiscal que es el titular de la acción penal pública. El monto de pena requerida por la parte acu­sadora pone un tope en la decisión condenatoria. Esto quiere decir que el tribunal de juicio debe imponer una pena igual o mayor a la soli­citada por el fiscal, pero no mayor ya que se conside­rará que se incurrió en un “exceso de jurisdicción”: se infringe el principio de con­gruencia que debe regir en­tre la acusación y la senten­cia. Fue por esta cuestión, según fundamentó Godoy Prats, que el tribunal con­denó a Sánchez a 15 años de prisión.
Según la investigación, el hecho ocurrió entre la no­che del 6 de mayo de 2011 y la madrugada del día si­guiente, en una vivienda si­tuada en el camino vecinal lateral a la Ruta Nacional 12 a la altura del kilómetro 1.081 de la localidad de Ra­mada Paso, departamento de Itatí. Para el agente fis­cal, hubo una pelea matri­monial por una infidelidad y el imputado con mucha violencia utilizando un ma­chete asesinó a su esposa, Graciela Amalia Leiva, de 19 años. Le produjo una he­rida cortante, mortal: sec­cionó planos musculares, viscerales y vasculares del cuello, hasta el plano ver­tebral. Antes del letal ata­que, el imputado le propinó una feroz golpiza, y según el protocolo de la autopsia, se registraron lesiones en el cuello compatibles con alguna maniobra de estran­gulamiento. La dejó tirada en el piso boca abajo y mu­rió desangrada. En horas de la mañana, la madre de Graciela se encontró con el lúgubre escenario: su nieto más pequeño dormido arri­ba del cuerpo ensangrenta­do de su mamá; la nena de tres años -la mayor de los hijos de la pareja- acosta­da y acurrucada en la cama matrimonial. Los pisos de la vivienda, marcados por las pisadas con sangre de los pequeños que deambularon toda la noche, sin saber qué hacer, al ver que su madre no se movía. s