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El cambio profundo 

El bochornoso espectá­culo en Cámara de Dipu­tados evidencia que la degradación institucio­nal tiene responsabilida­des compartidas entre oficialismo y oposición. 

Desde Qatar, esa especie de paraíso ficticio montado por la cultura árabe en Oriente Medio, donde se desarrolla el Mundial de Fútbol que tanto entusiasma -y con razón- a los argentinos, el ex presidente Mauricio Macri ensayó una polémica comparación con la Argentina para abo­nar el concepto de "un cambio profundo" que necesita el país y que debe comenzar a ejecutarse en 2023. 

"En Qatar construyeron de la nada una sociedad y hoy tienen la mejores escuelas, universidades, traba­jo, infraestructura. Al mismo tiempo nosotros lo único que hicimos fue aumentar pobreza, llegando al 50%", señaló el ex jefe de Estado que participa del megaen­cuentro futbolístico en calidad de actual titular de la Fundación Fifa. Casi en simultáneo con la reflexión del ex mandatario, aquí la dirigencia política -oficialismo y oposición- hilvanaba una serie de estropicios que patentiza la degradación de la calidad insti­tucional. Lo peor de todo es que el protagonismo excluyente del bochorno se lo ganó un destaca­do legislador del PRO: Cristian Ritondo. 

El diputado nacional Ritondo, que es jefe de la bancada del PRO, es decir del partido de Macri, no tuvo mejor idea que ensayar un gesto obsceno en medio del recinto de la Cámara baja del Congreso de la Nación. Estaba diri­gido a la presidenta del cuerpo, Cecilia Moreau. En ese momento se desarrollaba una escena tumultuosa, con la mayoría de los legisladores de pie, a los gritos y profiriendo acusaciones e insultos a los adversarios. Prácticamente era un todo contra todos, mientras la oposición se retiraba de la sala. 

A Ritondo le pareció adecuado levantar las manos, simular un hueco con una de ellas y meter y sacar re­petidamente el dedo índice de la otra mano. Después completó con un saludo y los dedos en V. Estaba diri­gido a la presidenta de la Cámara, que en ese momen­to lidiaba con un puñado de diputados de la oposición agolpados sobre el estrado. No hace falta mucha ima­ginación para descubrir lo que Cristian Ritondo estaba tratando de significar. Pidieron su expulsión; va a ser difícil que se concrete porque los números están muy parejos. 

Lo más probable es que la impunidad cubra con sus brazos invisibles al diputado macrista, quien ensayó una suerte de justificación cuando fue abordado por la prensa. Según dijo, la presidenta de la Cámara atacó y ofendió a varios legisladores de la oposición en me­dio del jaleo. 

Es cierto que antes del acto oprobioso de Ritondo se produjeron una serie de declaraciones altisonantes de los diputados del oficialismo, por ejemplo Rodolfo Tailhade habló con evidente sesgo homofóbico sobre el drama de sodomización que sufren los radicales por par­te de sus socios; en tanto la en­trerriana Blanca Osuna le gritó "asesino" a Gerardo Milman, en el marco de la causa sobre el intento de magnicidio a Cristina Fernán­dez de Kirchner. Sin embargo, nada de todo esto sirve de pretex­to para la conducta de Ritondo. 

Deberían ser sancionados todos los energúmenos, hay bastante de un lado y del otro. 

¿Qué fue lo que desató este pandemónium? Los in­tegrantes de Juntos por el Cambio decidieron no dar quorum, molestos por la actitud de Cecilia Moreau que, un día antes, frenó la resolución a través de la cual se establecía los representantes de la Cámara de Diputados en el Consejo de la Magistratura. Claramen­te lo de Moreau es arbitrario, incluso ilegal, pero no justifica que la oposición bloquee el funcionamiento del cuerpo. Y mucho menos que propicie una refriega dialéctica en el recinto con el gestito de Ritondo. 

Como dice Macri, se necesita un cambio, en todas partes, también en su partido. No hay que olvidar que Ritondo es socio de Pato Bullrich que amenazó "rom­perle la cara" a un funcionario de Larreta.