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El riesgo de la fatiga democrática

La polarización socava las voces disidentes y contribuye al desánimo. Contribuye, en realidad, a la fatiga democrática.

De a poco la campaña electoral va ganando ritmo y es lógico, este año se renuevan los Ejecutivos, tanto a nivel nacional como en las provincias, salvo Corrientes que viene hace tiempo con el paso cambiado. Como sea, las insinuaciones del verano -especialmente por el lado del oficialismo- se transfor­maron en acciones en el terreno, camufladas de proto­colo oficial, pero con un objetivo inocultable: cautivar a los votantes. La campana de largada fue la presentación del presidente Mauricio Macri ante la Asamblea Legisla­tiva en la inauguración del período ordinario de sesiones del Congreso de la Nación; como nunca antes un jefe de Estado se exhibió con un discurso tan abiertamente proselitista. Ni Cristina Fernández de Kirchner se animó a tanto.
El hecho es que Cambiemos, es decir Macri, se juega todo. Y la Ar­gentina también... En la recta final de su mandato, que casi no ha en­hebrado éxitos, el Presidente tiene que mostrarse decisivo frente a un escenario peliagudo. Al menos eso es lo que le aconsejaron su asesores y el hombre está cumpliendo fren­te a un sendero que se ha tornado cuesta arriba.
La crisis que envuelve a la Argentina, producto de errores del pasado y del presente, configuran un desa­fío mayúsculo, que habrá de dirimir en las urnas. No es sólo el nombre del próximo inquilino de la Casa Rosada sino del rumbo del país, en un contexto particularmente adverso.
El macrismo ya puso en evidencia el eje de su campa­ña ante la falta de resultados positivos: espantar al elec­torado con el posible regreso del populismo. En la vere­da de enfrente, que todavía no tiene candidato definido, aunque podría ser Cristina Fernández de Kirchner, segu­ramente se centrarán en un mensaje sobre la economía: y espantar al electorado sobre el peligro de continuar con este modelo.
¿Y si en lugar de espantar se propusieran construir? Una conducta pro activa sería más útil. El verdadero riesgo es que la gente caiga en una “fatiga democrática”. A propósito con este título, el periodista Jorge Elías ensa­yó una reflexión que merece ser tenida en cuenta. Dice:
El agotamiento de un período económico exitoso para América latina, por el boom de los precios de las mate­rias primas, ahondó un fenómeno conocido que no deja de ser sorprendente después del yugo de las dictaduras militares. El de la fatiga democrática, ligada a la escasa o mediocre oferta electoral y las demandas sociales no atendidas. El final del ciclo ventajoso coincidió con el in­flujo de Donald Trump, del Brexit y de movimientos de decepcionados que, a su vez, recreó otro fenómeno. El del populismo, nutrido de una demagogia que no distingue entre derecha o izquierda en su afán de decantar el resenti­miento.
En América latina, 9 de las 15 pre­sidenciales que hubo desde 2017 de­pararon cambios. Cuatro de las seis en los cuales prevaleció el partido de gobierno se vieron empañadas por denuncias de fraude de la opo­sición o de veedores internaciona­les: Venezuela, Paraguay, Nicaragua y Honduras. En las otras dos, Repú­blica Dominicana y Costa Rica, se impuso la continui­dad. La buena noticia es que la única puerta de entrada en el poder son las elecciones. La mala noticia se centra en la falta de entusiasmo que despiertan las campañas, deudoras de la resolución de los problemas concretos de la población. El desencanto marca la fisura entre repre­sentantes y representados. La caída de la confianza en la democracia y en sus instituciones es proporcional al aumento de la insatisfacción, especialmente en la clase media, y la debilidad de los partidos políticos.
Como corolario de la semana que acaba de pasar, el Gobierno nacional reglamentó la Ley de Paridad de Gé­nero, que garantiza una oportunidad a las mujeres en la política. Es una puerta a la renovación, quizás sea la sali­da al atolladero de la frustración.