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La guerra como sistema

Un farsante como fuente informativa, un periodista que espía y un fiscal que inicia causas. la corrosión es más grave y profunda de lo que se imagina.

La tarea de inteligencia en un escenario de guerra es un factor tan o más importante que el número de combatientes, su preparación o disposición; el armamento o la logística. La historia universal está plagada de ejemplos de asombrosos éxitos, si es que hay algún éxito en la guerra, conseguidos gracias a la inteligencia. Es decir mediante el espionaje puesto al servicio de encontrar y explotar los puntos débiles del enemigo, o llegado el caso bloquear sus potencialidades. La inteligencia es a la guerra lo que el conjuro es al amor, y en la Argentina de estos tiempos hay más de lo primero que de lo último. No es de extrañar pues que la actividad de inteligencia constituya parte invaluable del ejercicio por obtener o conservar el poder, en cualquier estamento. El tema tiene estricta actualidad pues se ha destapado una olla que cocina un caldo nauseabundo que involucra con actos de espionaje para medrar a integrantes de la Justicia Federal, a periodistas de importantes medios de comunicación y personajes de la política y el mundo empresarial. El albur quedó expuesto con crudeza a través de una presentación que realizó ayer en el Congreso de la Nación el juez federal Alejo Ramos Padilla, quien dio pormenores de la investigación que se centra en el farsante Marcelo D’Alessio y que alcanza al periodista Daniel Santoro (Clarín) y al fiscal federal Carlos Stornelli. No son los únicos.

La trama que develó Ramos Padilla, con pruebas en la mano, ante los miembros de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados es escandalosa. Según se desprende de los elementos que reunió hasta el momento el modus operandi era el siguiente: Marcelo D’Alessio, que se presentaba como abogado, pero no lo es, utilizaba a Daniel Santoro (y por lo tanto a Clarín) para apretar a sus víctimas. Además por intermedio del periodista logró trabar relación con el fiscal Stornelli, quien a su vez activaba las causas judiciales. Circuito perfecto. Santoro reconoció tener a D’Alessio como fuente y dijo que publicaba en el diario según la envergadura del hecho. El falso abogado, que en realidad se movía como espía, también le proporcionaba material al fiscal Stornelli, quien daba forma a las causas judiciales; causas que Santoro se encargaba de retroalimentar a través del “Gran Diario Argentino”. El punto es que los casos salían a la luz, por vía periodística o judicial, solamente cuando los imputados se negaban a la extorsión de D’Alessio. En apretada síntesis este era el mecanismo utilizado. Hay filmaciones, audios y chat que lo comprueban. Daniel Santoro, varias veces premiado por su labor periodística de “investigación”, dijo desconocer las actividades ilícitas de su “fuente”, Marcelo D’Alessio. A su vez el fiscal Stornelli se negó a someterse al proceso y fracasó en su intento por separar al juez que lo investiga. El establishment que se cobija en los multimedios y en las entidades que lo representan suponen un ataque al periodismo y el gobierno de Cambiemos denuncia una maniobra del kirchnerismo. Pero hay controversia al respecto. También hay una grieta en esto. Sin embargo corresponde dos aclaraciones: 1) Casi todos los casos proporcionados por D’Alessio en verdad encierran una figura delictiva que merecen una investigación judicial. Pero solamente salieron a luz porque los involucrados no se prestaron al chantaje. 2) Todos los casos salpican al kirchnerismo. ¿Es culpable Santoro de espiar para D’Alessio o solo hacía su trabajo en un diario, que según reconocieron sus más conspicuos integrantes, hizo “periodismo de guerra” durante el kirchnerismo? ¿Y el fiscal Stornelli era ajeno a estas maniobras? La corrosión es demasiado profunda y grave, como para circunscribir el abordaje a un par de figuras. Es el sistema el que está en descomposición y envuelve a todos.s