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Inflación, el NEA hace punta

No es extraño que las dos regiones más pobres de la argentina, el NEA y el NOA tengan los registros más altos de inflación.

Indomable, el proceso inflacionario sigue su curso y pone en aprietos la economía en todos los niveles; los que más sienten el impacto son los asalariados que tienen que enfrentar a las góndolas (donde se registra una remarcación permanente), el pago de servicios y alquileres de viviendas. Justamente estos rubros fueron los que dispararon hacia arriba el Índice de Precios al Consumidor que en febrero llegó al 3,8%, según el informe que difundió ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). En los dos primeros meses del año la inflación ya alcanzó a 6,8% y en los últimos doce meses -de febrero de 2018 a febrero de 2019- el acumulado llega a 51,3%. Así, no hay bolsillo que aguante y el cuadro general parece cada vez más complejo, tanto que el Banco Central se vio obligado a modificar sus metas prolongando hasta fin de año la política de crecimiento cero de la base monetaria. Es decir, corrieron otra vez el arco.

El objetivo de secar la plaza de pesos, que en principio estaba fijado hasta el primer semestre de este año, apuntaba a contener la inflación, oficiando también de soporte a la política cambiaria, pero como contrapartida es un factor recesivo. Daña la capacidad productiva, que está seriamente lesionada por los barquinazos económicos. Lo que era una medida de contingencia se ha transformado en un programa de largo aliento. Lo llamativo es que en los analistas cercanos a la Casa Rosada dicen que “técnicamente” la recesión ha finalizado. Todos los indicadores evidencian lo contrario. La inflación es, del conjunto de problemas que no ha sabido superar el gobierno de Cambiemos, la que más dolores de cabeza causa, no sólo en los hogares sino en todos los escalones de la economía. Desde la pequeña y mediana empresas hasta los actores de mayor envergadura tienen que lidiar con el proceso inflacionario que carcome la tranquilidad del mercado, algunos son causantes de la suba de precios y alimentan el círculo vicioso que no tiene freno. El 6,8% del primer bimestre ha superado incluso los pronósticos más agoreros. Hasta los más optimistas vaticinan que el primer trimestre cerrará con un 10% de inflación, lo que supone haber consumido en apenas tres meses más de un tercio de la proyección anual, que se fijó en concordancia con el FMI, que es a estas alturas el principal sostén de la política económica de la administración de Mauricio Macri. Ya en enero el índice oficial superó las peores previsiones del Gobierno, y en la lectura de febrero volvió a repetirse la experiencia: un 3,8% no lo esperaba nadie en la Casa Rosada. Y si lo esperaban no lo decían públicamente. Un problema adicional, que no es menor, es el hecho de que el 3,8% es el promedio nacional, en algunas regiones el impacto inflacionario fue mayor. En el Nordeste, por ejemplo, la inflación de febrero fue de 4,5% y acumula en los últimos doce meses un 53,5%, dos puntos arriba del promedio nacional. Sobre la base de estos números habrá que concluir que vivir en Corrientes, en Chaco, Formosa o Misiones (en el NEA) es mucho más costoso que en la zona central del país, con el agravante de una peor calidad de vida. De hecho, el proceso inflacionario es un factor determinante para degradar la calidad de vida. No es extraño que las dos regiones más pobres de la Argentina, el NEA y el NOA tengan los registros más altos de inflación. Esto explica la afirmación de los especialistas que sostienen que la inflación castiga a los más pobres. Las mediciones así lo reflejan. Al cotejar los números del Indec de febrero de 2018 con los de febrero de 2019 surge que en el NEA, el precio de la harina subió 166%; fideos 105%; arroz 93%, huevos 90%, pan 80% , carne molida 64%, leche 55%. Está claro que así se hace muy difícil seguir adelante.s