Chaco Corrientes SoyNorte Club
Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.nortecorrientes.com/a/153859

Juan, el empleado de la fábrica que rezó un mes esperando el milagro

Llevó la imagen de una Virgen que te­nía en su casa y le armó un pedestal. Con su fe movilizó a los compañe­ros. Trabajó 16 años en Massalin.

Juan Manuel Gamarra (44 años) es uno de los 220 empleados despedidos de la fábrica de Cigarrillos Mas­salin Particulares en Goya. Además es catequista, padre de tres hijos (Juan José, de 12 años; Luz, de 14, y Francisco, de 8) y casado con Mónica López. Aún no sale del shock por el cierre de la planta que más de 65 años hizo humo en Goya y fue el sostén de miles de familias de mane­ra directa e indirecta. Ante la crisis Juan Manuel nunca perdió la fe, que lo sostuvo en medio de la agonía que padecieron casi 30 días los trabajadores, luego de aquel 21 de octubre cuando la em­presa dio la noticia oficial de cierre. Pero una conciliación de Trabajo de la Nación, su­mada a las gestiones oficia­les, frenó tal decisión.

Desde ese día, Juan cargó en su auto la imagen de la Virgen de Fátima, que la te­nía en su casa, la posó sobre una mesita frente a la planta, y todos los días dirigía el Ro­sario junto a los trabajadores y sus familias, implorando por el sostén de las fuentes laborales. Sin embargo no fue suficiente. La inminente noticia del cierre no tardó en llegar. “Nos sorprendió a todos, porque más allá de que la planta en el último año redujo el volumen de productividad por la caída de las ventas, la situación no era caótica como el cierre de la fábrica en Goya. Hasta ahora no salgo de mi asom­bro”, relató Juan Manuel, en un diálogo profundo con NORTE de Corrientes. En donde además contó sus co­mienzos en la fábrica y los pormenores de los días de agonía antes del cierre.

—¿Cómo ingresaste y hace cuánto trabajabas en Massalin?

—Hace 16 años que tra­bajaba, comencé como ope­rario cargador de máquinas y luego pasé al auditorio de calidad del producto. Es de­cir, en el sector de control de calidad, donde se super­visan los cigarrillos antes de ser empacados. Llegué por medio de mi papá, él trabaja­ba en el área de producción de máquinas, pero se jubiló hace dos años. En la empre­sa siempre daban prioridad a los familiares de los emplea­dos. Antes trabajaba en un instituto de computación.

—¿Cuál fue tu reacción ante la noticia del cierre?

—Todavía no caigo, no salgo de la sorpresa. No pensé nada todavía. Pero la semana que viene saldré a buscar trabajo de lo que sea; no puedo ser pretencioso, pero en Goya, Massalin era la industria tabacalera más importante, y no hay mu­chas opciones aquí, tengo que mantener mi familia. Si la tabacalera Sarandí viene a Goya y me convocan para trabajar seguro que aceptaré con gusto.

—¿La situación dentro de la fábrica daba como para que bajen las persia­nas?

—La noticia nos sorpren­dió a todos, porque más allá de que la planta en el último año redujo el volumen de productividad por la caída de las ventas, la situación no era caótica aquí adentro como para decidir el cierre de la fábrica en Goya. La empresa siempre cumplió, no tengo nada que cuestio­narle. Pero me cuesta acep­tar el cierre, porque estaba bien posicionada en Goya. Esperábamos una noticia di­ferente, confiábamos en las gestiones oficiales que ve­nían haciendo el intendente, el Gobernador y los gremios. Pero los tiempos de la Jus­ticia no son los tiempos del Gobierno.

—Desde tu lugar bata­llaste con tu rosario para evitar el cierre. ¿Por qué decidiste hacerlo?

—El primer día (el 21 de octubre pasado) cuando nos comunicaron que la fábrica se cerraba, no podía creer y pensé que algo tenía que ha­cer para que eso no ocurra. En mi casa tengo la imagen de la Virgen de Fátima y ese día llegue y le dije a mi seño­ra: “Mónica, yo la llevo a la planta” y así fue. La subí en mi auto y la llevé a la fábrica, saqué una mesita en el fren­te y la puse allí y comenza­mos a rezar el Rosario todos los días con los empleados, se sumaron sus familias y también la comunidad que nos acompañó. Soy muy cre­yente, me sostengo mucho en la fe, pero nunca me ima­giné que iba a estar rezando en la puerta de la fábrica.

—¿Sentiste rencor o bronca contra los directi­vos por la decisión?

—No. Hay que conciliar a pesar de todo, hay que lu­char por la unidad. Cuando la directora de Producción de Massalin en Argentina, Nadia Piskulic, y el apode­rado de la planta, Leandro Maggic, nos comunicaron la noticia del cierre y el despi­do de los empleados, fue un momento triste y muy emo­tivo. Porque Nadia, cuando nos comenzó a dar la devo­lución a los empleados por nuestro trabajo se quebró en un llanto sin parar. Dijo que la fábrica no se cerraba por nuestro mal desempeño, al contrario, nos destacó a cada uno. Y pensé, es una persona como nosotros, que también está sufriendo. No habrá sido fácil la tarea que le en­comendaron, de despedir a 220 trabajadores. Pude ver su lado humano y cuando se retiró pedí hablar con ella personalmente en su oficina y le regalé el rosario con el que todos los días rezába­mos frente a la fábrica.

—¿Y ahora cómo sigue tu vida?

—Saldré a buscar trabajo como te dije. Uno de mis hi­jos padece una discapacidad motriz y soy el sostén de mi familia, ellos están en edad escolar y necesitan todo mi apoyo. Cuando trabajaba en la planta teníamos un buen pasar con mi sueldo. Pero ahora eso cambió.

Y seguiremos rezando el Rosario en la plaza San Mar­tín para que Dios nos ayude aceptar la triste situación. s

Temas en esta nota

Massalin Goya