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Un hito institucional

A pesar de la crisis, Macri logró concluir su mandato. Es el primer jefe de Estado no pero­nista que pudo terminar su gobierno hace más de siete décadas.

Alberto Fernández juró ayer como Presidente de la Argentina, es el noveno en llegar a ese cargo mediante el sufragio del pueblo desde el retorno de la democracia al país en 1983. Justamente, en el final de su discurso ante la Asamblea Legislativa en la que recibió los atributos del mando de manos del presidente saliente, Mauricio Macri, el flamante jefe de Estado reflexionó que cuando finali­ce su mandato, en 2023, se cumplirán 40 años de de­mocracia en la Argentina. Y recordó a Raúl Alfonsín, el hombre al que le tocó iniciar la serie, parafraseando su máxima, que “con la Democracia se come, se educa y se cura”. Fernández invirtió el orden, pero reafirmó el concepto del mensaje. Es de esperar que se vuelva realidad. El país lo necesita imperiosamente.

Por lo pronto la todavía joven democracia argentina ha dado un paso adelante pues es la primera vez en mucho tiempo que un go­bierno ajeno a los dos partidos centrales de la historia nacional (peronismo y radicalismo) consi­guió cumplir totalmente su man­dato. Nunca antes ocurrió lo que pasó este 10 de diciembre.

Además hay que resaltar que el presidente saliente, Mauricio Macri estuvo en la ceremonia y fue él quien puso la banda celeste y blanca a Fernández y le entregó el bastón presidencial. Un gesto que invita a la esperan­za. Tal vez sea posible cerrar la grieta.

El hecho es que Alberto Fernández es el primer pre­sidente peronista que recibió los atributos del mando de un rival en tiempo y forma. Desde 1928, ni un solo gobernante de otro partido que no fuera el peronista -ni siquiera uno de la histórica Unión Cívica Radical (UCR)- logró entregar el mando cuando correspondía.

Para entender el porqué de esta fractura, hay que repasar el dominio que ha tenido el peronismo en Argentina desde su surgimiento. Hasta la década de 1980, las únicas veces que no gobernó el peronismo fue cuando este fue proscripto (1955-1973) o cuando gobernaron los militares, a partir del regreso de la democracia, en 1983, hubo solo tres presidentes no peronistas.

Los primeros dos, Raúl Alfonsín (1983-89) y Fernan­do de la Rúa (1999-2001), eran radicales, y ambos en­frentaron graves crisis económicas. Los dos debieron entregar el poder de forma anticipada a los peronis­tas, el primero a Carlos Saúl Menem y el segundo dejó en manos del Parlamento en aquel fatídico fin de año de 2001 en el que se sucedieron cinco mandatarios en una semana.

Macri es el tercer mandatario no peronista que go­bierna desde el regreso de la democracia, y es el único que ha podido llegar al final de su mandato, algo que resaltó en un discurso que dio el jueves en su despedida en la Plaza de Mayo, resumiendo los logros de su ges­tión. “Es la primera vez en 100 años que un gobierno no peronis­ta y con minoría en ambas Cáma­ras logra terminar. Y esto no es el logro de un gobierno, es de todos los argentinos. Es una avance en nuestra democracia”, destacó. Y razón no le falta.

El líder del PRO no solo llegó, también protagonizó el traspaso de mando más ordenado que se recuerde en la histo­ria moderna del país. Quizás no fue muy productivo, pero al menos no fue traumático y eso ya es bastante en un país acostumbrado al jaleo constante.

Aunque en otras latitudes quizás sea normal que un presidente saliente llame a felicitar al rival que acaba de derrotarlo en elecciones, en Argentina esto es in­usual. Aún más inusual es que lo invite a desayunar al palacio presidencial (la Casa Rosada) la mañana des­pués de su victoria electoral. Macri lo hizo. Fue el 28 de octubre y el encuentro quedó para la historia. Sin dudas fue un hito institucional, tanto como el hecho que ayer se volvieron a encontrar para transferirse los símbolos del poder y sellarlo con un abrazo.

Quizás sean nuevos tiempos. Ojalá así sea.