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Dos miradas de una cruda realidad

“Todo en su justa medi­da y armoniosamente”. Tal vez sea oportuno abrevar en esta máxima del decálogo peronista para resolver el dilema de cómo salir de la cuarentena.

El Gobierno nacional se ha puesto a recopilar información sensible para resolver un dilema que, a esta altura, es central: cómo salir de la cuarentena para recuperar, aunque sea par­cialmente, la actividad económica, frente al peligro to­davía latente de la epidemia de coronavirus. No es una decisión sencilla. El cuadro es complejo, especialmen­te porque no hay certeza de la gravedad del desarrollo epidemiológico. Y en paralelo sí hay indicios, bastante firmes, del quebranto que acarreará la paralización. 
Menuda encrucijada para el jefe de Estado que desde el fin de semana viene hablando sobre el levantamien­to “paulatino” del levantamiento social que se impuso el pasado de 20 de marzo. Hoy hace 18 días. Al próximo domingo 12, fecha inicial de clausura de la restricción, se habrán completa­do 22 días de aislamiento. ¿Tres semanas es suficiente para ase­gurar una barrera sanitaria? Tal vez esta no es la pregunta clave porque los especialistas coinci­den, con mayor o menor énfasis, que el aislamiento social es indis­pensable.
La incógnita inquietante es ¿cuál es la situación del país en la evolución epidemiológica del covid-19? Y en esta materia asoman algunos datos que son preocupantes y que agudizan el dilema que por estas horas envuelve a la Casa Rosada. Como contra­partida hay una certeza que el Gobierno sí tiene sobre la mesa de decisiones y es que con la prolongación de la inactividad mayor será el costo.
En estos dos factores que entran en colisión, pero que están atados al mismo problema, estriba la disyun­tiva oficial. Son dos miradas de una misma realidad, que reclama sabiduría en la definición y, por si fuese poco, celeridad.
Ayer las primeras espadas del Gabinete nacional se reunieron con el Comité de crisis, también hubo en­cuentros con industriales, empresarios y la CGT. Más tarde el Presidente mantuvo una charla, por telecon­ferencia, con gobernadores. El objetivo es coordinar la tercera etapa de la cuarentena, que todo parece indicar será con flexibilidad para que algunos sectores vuel­van a la actividad.
En medio de estas deliberaciones surgió el rumor (no desmentido) de que la postura del ministro de Sa­lud, Ginés González García, es extender la cuarentena obligatoria hasta el 23 de abril inclusive. Tiene funda­mentos, para el titular de la cartera sanitaria (el hom­bre más importante en este momento) no hay certezas epidemiológicas para alivianar las restricciones de aislamiento social y una decisión en ese sentido pue­de tener un efecto negativo. Una suerte de dominó de contagios con resultado imprede­cible en el país.
Hay dos datos que justifican la precaución del ministro de Salud: 1) Se ha dicho y está claro que el pico de la enfermedad aún no lle­gó al país, se estima que podría ser en la primera quincena de mayo. 2) Especialistas de primer nivel han alertado que el diagnóstico de la situación epidemiológica es endeble.
Un experto argentino, de re­nombre internacional, el neurólo­go Conrado Estol, advirtió que en el país se han hecho pocos testeos de covid-19. Es uno de los más bajos del mundo. “Testeamos a 0,2 por cada mil personas. En Italia testean 11 cada mil, en Dina­marca 8 cada mil, en Chile 3 cada mil”, enumeró.
Hasta el lunes en Argentina se habían hecho poco más de 10 mil testeos, lo que ha dado aproximada­mente 1.600 contagios y medio centenar de víctimas fatales. El especialista teme que haya “un subconteo” epidemiológico y no por razones de ocultamiento sino porque la capacidad operativa así lo permite. Y si no hay suficientes testeos no hay conocimiento concreto de la situación. 
Este es el cuadro. Un diagnóstico parcial para tomar una decisión que puede marcar la historia del corona­virus en la Argentina.