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CÉSAR ROSENTAL

“Escribo para que quienes me lean sepan las complejidades por las que transité”

El autor publicó en 2018 su obra “Árbol Silbador”. Hoy, en tiempos de pandemia de COVID-19, está poniendo punto final a un nuevo trabajo.

El escritor César Rosen­tal presentó en 2018 su obra “Árbol silbador”. Hoy, des­pués de varios meses de cua­rentena por la pandemia de covid-19, está finalizando su nueva obra. El autor dialogó con NORTE de Corrientes sobre su pasión literaria.

—¿Cómo nace la idea de escribir y qué te inspira?

—Nunca fue mi intención escribir un libro. Admiro a las personas que tienen ob­jetivos claros y determina­dos. Por ejemplo: esos que saben que quieren escribir un libro aun antes de haber­se adiestrado en la literatura. Lo mío no fue así. Primero surgió el amor por la litera­tura de la mano de la admi­ración de las formas de decir de algunos arduos escritores. Después fue el deseo de po­der expresar de la manera en que ellos lo hacían. Luego vino el interés por los meca­nismos de la escritura. Para responder a la pregunta sin tanto circunloquio: escribí mucho y cuando me quise dar cuenta había un libro por pura acumulación de cuen­tos y relatos. El libro fue el resultado natural de una de­riva productiva. 

—¿Qué significó para vos este libro presentado en 2018?

—La conciencia de que había en todos mis textos un hilo conductor. Y sobre todo un rumiar de temas que qui­zás son sólo tres: el amor, el tiempo y el conocimiento.

—¿De qué trata la obra?

—El escritor argentino Alejandro Dolina, en el “At­las Secreto” que figura en sus “Crónicas del Ángel Gris”, da cuenta de la existencia de un árbol silbador. El árbol (un jacarandá) accedía a pe­didos del público y silbaba puntualmente los temas re­queridos. Los refutadores de leyendas, entre otros, expli­caron e intentaron demos­trar la trampa en semejante prodigio.

El final del cuento dice que “hay que admitir que muchí­simas personas encontraban una gran dificultad en reco­nocer las piezas silbadas y aun en advertir silbido algu­no. EI “Atlas” cierra este capí­tulo con una frase dedicada a tales gentes: “El árbol no sil­ba para todos. El que no oye silbidos, tal vez no merece oírlos”.

El presente es un libro que contiene cuentos, historias y narraciones torpemente silbados por su autor, que tal vez sea yo mismo. Y digo tal vez porque algunos de los relatos tienen giros y decires que superan ampliamente mi talento. No puedo dejar de sospechar una suplanta­ción. 

Hechas las advertencias, van entonces mis relatos, enfatizando en aquella que es fundamental: El árbol no silba para todos. El que no oye silbidos, tal vez no mere­ce oírlos.

—¿Qué significa para vos escribir?

—Una vez le pregunta­ron a Lord Byron por qué escribía. Y Byron respondió: “¿Cómo que por qué? Para que me quieran más”.

Yo puedo parafrasear a Byron, quien me ha plagiado en esa frase. De puro disimu­lo la expresó 150 años antes de que yo naciera; pero igual no le perdono el plagio.

Yo escribo para que algu­no que me lea sospeche las complejidades por las que transité y no crea que sólo soy este torpe manojo de contradicciones.

—Además de la Feria del Libro, ¿la obra se pre­sentó en otros escenarios? ¿Cómo la puede conseguir el lector?

—Se presentó en las Ferias del Libro de Buenos Aires y de Resistencia. Pero prime­ramente lo presenté en la Ex­tensión Universitaria de Re­sistencia (el Centro Cultural Nordeste) de la mano de la poeta Sandra Soler, acompa­ñado por muchos amigos de la Sade. Y en la Extensión de Corrientes (Centro Cultural Universitario) de la mano de Mario Doldán. Es la presen­tación de libros una tradi­ción que habría que revisar, afirmo en mi fracaso.

—En este tiempo de pan­demia, ¿pudiste volcarte a la escritura?

—En este tiempo de pan­demia estoy terminando mi novela.

—¿En qué momento del día escribís?

—Es como con el amor. Uno se enamora cuando se presenta ante nosotros aque­lla que nos conmueve. Es­cribo cuando se presenta la musa. La que nos conmueve y la musa no aparecen tanto como uno desearía. Al me­nos no se me aparecen a mí.

—¿Qué proyectos tenés a futuro?

—Con lo que te voy a de­cir corro el riesgo de que mis enemigos me acusen de me­galómano, pero mis proyec­tos futuros son: poder abra­zarme con mis amores y po­der caminar por la Costanera sin controles de circulación. También visitar a mis viejos que viven en Morón.

Seguir leyendo mucho y no dejar a las musas en la sala de espera. Comer cara­melos sentado en un banco de la plaza (esto ya lo hago escondido de los gendarmes y autoridades).

Y sobre todo poder seguir siendo un cínico. Es decir: aquel que puede rastrear sus propios desatinos. Y en lo posible escribir sobre esos rastreos. Hay que acla­rar que lo primero que nos aparece ante esta “idea” de cinismo es su aspecto vulgar y corriente. Y el cinismo es para mí, esa posibilidad ha­cia dentro de parar cada dos cuadras a mirar hacia dónde voy. Como dije antes: ver el rastro de migajas que dejo con mis propias estupideces (que algunos llaman: la pro­pia historia).

El libro, cabe destacar, se lo puede encontrar en la li­brería “Capítulo I”, o comu­nicándose con el autor. s