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El futuro necesita un plan 

Latinoamérica es la re­gión más golpeada por el coronavirus. El Banco Mundial advierte que la década podría estar perdida. 

América Latina y el Caribe será la región más afectada por la pandemia de coronavirus, en lo económico y social, coincidieron en los últimos días el Fondo Monetario Inter­nacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En ese contexto, el pronóstico para la Argentina no es auspicioso, todo lo contrario, los organismos evalúan que el Producto Bruto Interno -PBI- caerá hasta el 12% este año y si bien prevé un repunte para el 2021 por el efecto rebote, la recuperación será apenas discre­ta. No habrá mejoría sustancial en el corto plazo, en particular porque el país viene de tres años consecu­tivos de recesión. En el mejor de los casos, para 2022 la Argentina podría volver al nivel -paupérri­mo- que tenía cuando Mauricio Macri entregó el mando, así de mal están las cosas. 

El director del Hemisferio Oc­cidental del FMI, Alejandro Wer­ner, anticipó que “América Latina probablemente será la región del mundo más afectada por la co­vid-19” y vaticinó que “sus ciuda­danos en promedio están viendo literalmente una década perdida en términos de ingreso promedio per cápita”. Según el funcionario, la tasa de pobreza de la región “no volverá a su nivel anterior a la pande­mia antes de 2025”.

Por su parte, el vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Carlos Jaramillo, sos­tuvo que la región “soporta el peor impacto económi­co y en salud de todo el mundo”, el derrumbe de la actividad en promedio rozará el 8% dice un informe de la entidad, titulado “El costo de mantenerse sano”.

Ahora bien, la disyuntiva de salud o economía está seriamente cuestionada en la Argentina donde las estadísticas epidemiológicas dan muy mal y los indi­cadores sociales peor. Todo esto en medio de una de­presión económica que parece no tener salida, en gran parte porque la administración de Alberto Fernández no parece tener un plan. Y si lo tiene, no lo muestra.

La oposición, que en la semana que terminó tuvo la reaparición de su principal figura, el ex presidente Mauricio Macri, cuestiona al Gobierno por la crisis económica y también por la extensa cuarentena y en ese marco alienta a marchar en contra de las políticas oficiales, en los llamados banderazos. Ayer tuvieron una fuerte contestación con la movilización de los mi­litantes por el aniversario del 17 de Octubre.

Más allá de la efeméride, los discursos evocativos, las demostraciones de fuerza, incluso de las transgre­siones que agigantan el riesgo sanitario, el hecho es que los problemas no desaparecen por arte de magia.

A la marcada caída en la acti­vidad productiva, con una con­secuente destrucción del empleo, hay que agregar la inflación que se mantiene en alza y la turbulencia cambiaria con un dólar indoma­ble. El blue, que se comercializa en el mercado informal, tocó los $178 aunque antes perforó los $180. La cotización oficial también está en ascenso, acentuando la devalua­ción cotidiana que ya lleva más del 30% en lo que va del año.

“Argentina enfrenta muy dra­máticos desafíos, una profunda recesión y las condiciones sociales están empeoran­do”, alertó la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, quien con­sideró que el Gobierno debe mostrar un plan econó­mico para lograr estabilidad, en especial, en el merca­do de cambios.

El mensaje, con tono de sugerencia que disimula un imperativo, evidencia la preocupación del principal acreedor de la Argentina sobre la ausencia de un pro­grama, que Alberto Fernández se empecina en recha­zar. De cualquier manera, más allá de la formalidad, el Gobierno tendrá que fijar metas y trasparentarlas al Fondo Monetario para conseguir el ticket que necesita para seguir adelante. Sin cumplir este paso, todo pue­de ser aún más difícil.