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La agenda de la política

En el Congreso de la Na­ción, donde tiene su do­minio el kirchnerismo, se definen los temas que generan cambios. El Presidente pareciera marchar a distancia. 

editor

Para la mayoría de los argentinos, ciudadanos de a pie que libran una batalla cotidiana por la subsistencia económica y ahora también para no caer en la garras del virus letal, pasa inadvertido que la agenda política que produce cam­bios -no siempre para bien- se escribe en el Congre­so de la Nación, allí donde habita el kirchnerismo de pura cepa. En el Senado donde gobierna Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, y en menor medida en Diputados donde se mueve con autonomía su he­redero, Máximo Kirchner, aunque el control formal de la Cámara baja la tenga Sergio Massa, un socio del espacio que también exhibe independencia política de la Casa Rosada. Todo lo que tenga significancia reporta al Parlamento, el Poder Ejecutivo, en manos del profesor Alberto Fernández pareciera carecer de peso específico. Su tarea es la fa­jina diaria y no le va muy bien, por eso puestos a sopesar los he­chos trascendentes de la semana el Palacio de las Leyes se lleva toda las miradas. No es pura ca­sualidad que sea el dominio de los auténticos kirchneristas.

La iniciativa política del go­bierno del Frente de Todos no radica en Balcarce 50, asiento natural de la Presiden­cia de la Nación, sino en el majestuoso palacio de avenida Entre Ríos y Rivadavia, lugar reservado para la Vicepresidencia. En el Congreso se gestan los cam­bios que buscan los padres del modelo. Por ejemplo: el proyecto de ley para un impuesto a las grandes for­tunas; o la reforma a la ley del Ministerio Público, que encierra una maniobra beneficiosa para la vicepresi­denta Cristina Kirchner, imputada en varias causas por corrupción. También hay que computar en esta lista la reforma del sistema penal del Fuero Federal (Comodoro Py). Hasta el Presupuesto Nacional 2021 se transformó en el Congreso en un proyecto distinto del que había mandado el Gobierno.

En la última sesión del Senado, el ministro de Eco­nomía Martín Guzmán sufrió un papelón. Fue a fes­tejar la aprobación y resulta que la ley no se completó por un “error administrativo”. Como si no fuese poco los cambios que le introdujo Sergio Massa en Dipu­tados luego, además, olvidó mandar planillas con obras y el trámite del expediente se convirtió en una calesita.

El Parlamento tiene vida propia y está bien que así sea, pero con estrategia distinta a la del Poder Eje­cutivo no parece muy saludable. Sobre todo porque ambos dicen formar parte del mismo espacio políti­co.

Como sea, el termómetro político está en el Poder Legislativo. No sería problema si la Presidencia tuviese igual pre­dicamento en el escenario donde se discuten los temas centrales. Quizás sea solo una impresión, pero el profesor Fernández está marchando detrás de los asuntos en discusión. Debería estar ade­lante, marcando el rumbo. 

Por estos días dos debates po­líticos que levantan temperatu­ra fueron puestos en escena por el oficialismo y todo indica que tiene número para avanzar en el Congreso, aunque la clave volve­rá a estar en la Cámara de Diputados, donde el Frente de Todos no tiene una mayoría que le garantice salir victorioso de todos los debates. Se trata del impuesto a la riqueza, que pretende imponer -dicen- con un fin solidario en medio de la pandemia, y el otro refie­re a la reforma del Ministerio Público y puntualmen­te el mecanismo de elección del Procurador General de la Nación.

El proyecto oficial marcha a paso firme en el Sena­do, consiguió dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y quedó listo para ser discutido en el recinto, seguramente, la próxima semana. Se descuenta su aprobación. Luego queda la reválida en Diputados. El punto es que el proyecto constituye un abierto des­plante a Fernández. ¿Qué hará el Presidente.