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Envejecimiento prematuro

El Gobierno abrirá el período ordinario de sesiones otra vez a la defensiva. Viene de li­diar con los escándalos. ¿Cuánto ha envejecido en un año?

editor

Como si las restricciones que impone la pande­mia de coronavirus no fueran suficientes para diseñar un escenario atípico, ahora además un creciente clima de hostilidad volvió espe­so el aire político y muy probablemente se vea refleja­do en la cita obligada que el Gobierno y la oposición tienen mañana en el Congreso de la Nación. Como marca la Constitución, el jefe del Poder Ejecutivo tie­ne que dar su mensaje anual ante la Asamblea Legis­lativa para inaugurar el período ordinario de sesiones del Poder Legislativo. En este caso le corresponde al profesor Alberto Ángel Fernández ser protagonista central del acto institucional. Los pronósticos son poco auspicio­sos, ayer la gente hizo flamear bolsas negras en la Plaza de Mayo en una durísima protesta (desde lo simbólico) por los acomodos en la vacunación; desde la Casa Rosada no dejaron pasar la opor­tunidad para victimizarse, una vez más, y señalar que desde la oposición alimentan “el mensaje del odio”. El propio Fernández escribió en sus redes sociales so­bre el tema. Todo hace sospechar que no habrá fiesta cívica. 

Lo bueno es que el protocolo sanitario despejó el es­cenario de invitados, asesores, curiosos y colados. Has­ta el Presidente le pidió a la militancia que no se movili­ce y siga su discurso vía online. Con las tribunas vacías puede que la ceremonia se desarrolle dentro de canales de mayor moderación. Ya bastante agitación hubo en las últimas semanas como para sumar nuevos dispara­tes y esta vez en el seno del Congreso de la Nación.

El hecho concreto es que el gobierno del Frente de Todos, que encabeza el neokirchnerista Fernández, no logra regularidad en la marcha de la gestión y a cada tramo tiene que sortear nuevos escándalos. Casi no hay asfalto, todo el camino es pedregoso. Ahora, por ejemplo se apresta a inaugurar el período de sesiones ordinarias en el Congreso en un contexto que le de­manda reacciones urgentes para volver a fijar su propia agenda. Es que viene de un jaleo tras otro, ejemplo: el revuelo en torno de los centros de aislamiento en For­mosa por la pandemia de covid-19 y la discusión por el comienzo del ciclo lectivo 2021 con clases presenciales, más la aplicación de vacunas en forma discrecional. 

Esta serie de polémicas han forzado al oficialismo a tener que dar explicaciones de manera casi permanen­te. La rutina tan peliaguda resulta desgastante y así la administración pierde tonicidad. ¿Cuánto ha envejeci­do en un año el gobierno de Fernández? Pareciera ha­ber consumido más de la mitad del mandato y apenas está en el segundo año.

Justo cuando el oficialismo ha­bía logrado iniciar un camino de fortalecimiento del vínculo con la clase media, a partir del proyecto que exime de pagar el impuesto a las Ganancias a quienes cobren menos de 150.000 pesos (en bru­to), el escándalo por los acomodos en la vacunación volvió a enfriar la relación. Otra vez la Casa Rosada quedó en un cono de sombra.

La oposición capitalizó con eficacia la situación, y es que le sobran elementos. Además el Go­bierno le provee de materiales constantemente, tal el caso de las imágenes que circularon en redes sociales y en medios de comunicación de militantes de la agru­pación kirchnerista La Cámpora aplicándose la vacuna contra el coronavirus. Después saltó el vacunatorio VIP que Ginés González montó en el Ministerio de Salud y por donde pasaron amigos, parientes y entenados. To­dos se saltaron la cola y el protocolo.

Lo más urticante de esta situación es que el affaire fue develado por una figura del riñón kirchnerista, el periodista Horacio Verbitsky, quien pidió disculpas por su conducta. El Gobierno, sin embargo, no supo hacer lo mismo. Despidió a Ginés, pero no pidió perdón y se enredó en la telaraña del escándalo. Así se le va el tiem­po.