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El entretenimiento como gestión

El Gobierno Nacional propone investigar el acuerdo de Macri con el Fondo Monetario Internacional. Salvo un mensaje para reforzar la campaña electoral, difícilmente obtenga algo más. 

Luego del anuncio en la agitada asamblea del lunes que abrió el período ordinario de trabajo en el Congreso de la Nación, el Banco Central envió a los organismos de control una par­va de documentación para investigar el acuerdo que el país firmó con el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante la gestión de Mauricio Macri y que deri­vó -dice el gobierno del Frente de Todos- en una fuga de divisas que alcanzó a US$45.100 millones entre mayo de 2018 y octubre de 2019. Ayer, el gobierno de Alberto Fernández reforzó la embestida con un ope­rativo mediático que repiqueteó desde primera hora. “Esa deuda que nos dejó Macri es un cepo al desa­rrollo económico”, dijo el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, que además, en el mismo envión, casi se podría decir que justificó la paliza que una patota sindical le aplicó a jubilados el sábado, en la puerta de la Quinta Presidencial de Olivos. La administración del profesor Fernández, que ha com­pletado su mimetización con el kirchnerismo, está en campaña. Su preocupación ahora son las urnas de octubre donde se juega la nueva composición del Con­greso y la fortaleza para el 2023.

Si tropieza en este turno, remar los años que que­dan demandará espaldas más fuertes que la que ha demostrado tener hasta ahora el principal inquilino de la Casa Rosada. Por eso, el Profesor, los K de toda laya, en definitiva el equipo de CFK, tienen una mi­sión: talar a las dos principales figuras de Juntos por el Cambio, Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio Macri. El resto no mide. 

A Rodríguez Larreta le aplicaron varios torniquetes para menguar el flujo financiero y Macri tiene causas de todos los colores en la Justicia. Ahora le suman el escrache con la deuda. 

De eso se trata la iniciativa impulsada por el Presi­dente de la Nación al hacer girar todos los anteceden­tes del acuerdo con el FMI a la Sindicatura General de la Nación (Sigen) y a la Oficina Anticorrupción (OA), dos oficinas controladas por tropa propia. En la Sigen está el contador Carlos Antonio Montero, que es del riñón de Alberto Fernández, y en Anticorrupción el ex fiscal de Justicia Legítima, Félix Crous. Un anteceden­te, Crous desistió de seguir como querellante en va­rias de las muchas causas que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner tiene por presuntos hechos de corrupción durante su gestión. 

Aunque resulte insólito, la Oficina Anticorrupción reniega de buscar la verdad en las denuncias de co­rrupción. Esta es una pequeña demostración de lo que puede surgir de la investigación que el presidente Fernández le encargó a la OA y a la Sigen sobre los créditos tomados con el FMI. No vale la pena espe­rar la conclusión, obvio, será una mazazo para Macri. Y hasta quizás sea merecido porque en verdad el líder del PRO malogró una opor­tunidad extraordinaria. 

El fracaso (de Macri) sólo se ex­plica desde la ineficiencia, puede que haya habido algún aprove­chamiento de los grupos econó­micos, pero será difícil encontrar irregularidades en la gestión de los recursos, en tal caso cualquier reproche quedará supeditado al terreno de la valora­ción política. De por qué se hizo lo que se hizo y no otra cosa. 

Esta confrontación de pareceres sobre un tema que está cerrado, y que ha derivado en una deuda consen­tida que hay que pagar, es lo que evidencia la fragilidad conceptual de la investigación que proponen Fernán­dez y el kirchnerismo. No hay nada para rescatar de ese capítulo del pasado, salvo potenciar un discurso condenatorio con fines electorales contra Macri. Pero, el otrora presidente de los globos amarillos y el baile excéntrico ya carga con esa sentencia. Se lo impuso la gente en las urnas. Revolver la basura entretiene, pero no suma para progresar. Algunos creen que es una ge­nial forma de gobernar.