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OTRA FESTIVIDAD LIMITADA POR LA PANDEMIA

Stanovnik destacó las raíces del pueblo arraigadas desde sus orígenes en la Cruz

El arzobispo de Corrientes presidió la misa en la iglesia homónima con un fuerte mensaje esperanzador en estos tiempos difíciles. 

En este contexto de pan­demia de covid-19 ayer la comunidad religiosa de la ciudad de Corrientes vivió la festividad de la Santísima Cruz de los Milagros. Con una singular celebración que se realizó con una pro­cesión virtual por las redes sociales del Arzobispado de Corrientes, en reemplazo de la multitudinaria procesión que cada año se realizaba por las calles céntricas de la ciudad -una postal tradi­cional para esta fecha-, pero por segundo año consecuti­vo la pandemia lo impidió. Sumado a ello, la comuni­dad católica participó de la misa en la iglesia de la Cruz de los Milagros ubicada por calle Belgrano entre Salta y Buenos Aires. El encuentro religioso fue presidido por el arzobispo de Corrientes, Monseñor Andrés Stano­vnik. Ceremonia de la que también participaron el go­bernador Gustavo Valdés y el intendente de la ciudad Eduardo Tassano, la que se realizó respetando todos los protocolos sanitarios establecidos por Nación y Provincia. 

Durante su homilía, mon­señor Stanovnik destacó la identidad del pueblo correntino arraigado a sus raíces religiosas desde sus orígenes ancestrales y re­firió: “Hoy concluimos el Mes de Corrientes, que ha­bíamos iniciado el pasado 3 de abril conmemorando la fundación de nuestra ciudad. Durante el período transcurrido, que va desde los orígenes hasta nuestros días, se fue conformando un pueblo de procedencias muy diversas, que aporta­ron cada cual sus propias cosmovisiones y sus parti­culares modos de ser y de estar en el mundo. Podría­mos decir que, a lo largo de los siglos, se fue gestando lentamente el ñanderekó, que distingue hoy al pueblo correntino con una iden­tidad que le es propia. Esa identidad hunde sus raíces en los valores del Evange­lio, que fueron predicados desde los inicios de la fun­dación de nuestra ciudad, y somos nosotros los que hoy tenemos la gracia y la responsabilidad de celebrar esa identidad, de cuidarla y transmitirla a las genera­ciones venideras”.

Al tiempo que remar­có: “Desde los orígenes de nuestro pueblo aprendimos que Dios nos quiere libres para amar y que Él mismo se comprometió con su propia vida para que eso suceda. La Cruz es esa señal luminosa de Dios, la memoria viva de su amor que continúa reali­zando el milagro de la vida allí donde aparentemente pretende reinar la muerte. Por eso, hoy podemos cele­brar la vida y su triunfo so­bre la muerte, lo cual tiene que despertar un profundo sentido de gratitud, en pri­mer lugar, a Dios y en segui­da, a las generaciones que nos precedieron”.

Y prosiguió: “El misterio de la Cruz, donde se reve­la que el amor de Dios es más fuerte que el odio, es el único camino que conduce a un encuentro profundo entre las personas y de és­tas con Dios, disuelve todo vestigio de discriminación, y colma los auténticos an­helos de libertad que hay en todo corazón humano. Por ello, un pueblo que ha arraigado en su memoria el misterio de la Cruz y ama a la Virgen, tiene todo para ser un pueblo libre y sobe­rano”. “De allí que es muy importante celebrar bien la memoria, lo que supo­ne que todos participen de la fiesta, todos conozcan y amen los acontecimientos que le dieron origen, evi­tando el peligro de conver­tir la conmemoración en un mero acto formal, prota­gonizado por unos pocos y reducido a la mínima expre­sión”, enfatizó.

HOMILÍA EN LA IGLESIA LA CRUZ

La cultura del cuidado como prioridad en la pandemia

En el contexto de la pandemia, monseñor Andrés Stanovnik, du­rante la misa por la festividad de la Cruz de los Milagros hizo re­ferencia a la difícil situación que atraviesa el pueblo correntino por el coronavirus y en su homilía de­dicó un capítulo aparte para ello. Tanto es así que consignó: “El dis­tanciamiento social causado por la pandemia, que nos agobia por­que no fuimos creados para estar lejos unos de otros, tiene que tem­plar nuestros espíritus para el cui­dado de los otros y de sí mismos. La capacidad de soportar, que sig­nifica llevar la carga juntos, nos puede unir y fortalecer mucho más que en tiempos de la norma­lidad anterior, si aprovechamos los extraordinarios recursos que nos da la fe en Dios y el amor a los hermanos y hermanas”. “Ce­lebrar agradecidos nos dispone mejor a abrazar la vida, aun allí donde duele y sobre todo donde se encuentra dañada y desprote­gida. Celebrar nos abre la mente y el corazón para tener una mi­rada más amplia, más inclusiva y más sensible a las necesidades de aquellos con quienes convivimos todos los días y, en particular, ha­cia aquellos con quienes tenemos responsabilidades de servicio”, indicó.

Asimismo agregó que “el papa Francisco nos ha invitado a con­memorar el Año de San José, cuya extraordinaria figura nos deja un fuerte mensaje como el hombre de la ‘cultura del cuidado’: custo­dio de su mujer y de su hijo, estre­chamente vinculado con Dios, su Creador y Padre, de quien los ha recibido como herencia y a quie­nes cuidó enfrentando enemigos hostiles y padeciendo el destierro. Un hombre que supo mantenerse fiel a los valores fundamentales de su tradición judía, con una capa­cidad extraordinaria para resistir a los engaños de adorar a los ído­los que le presentaban la vida fácil y centrada en sus propios gustos, como le sucede al ser humano en todos los tiempos y lugares, y no­sotros hoy no somos la excepción de padecer esas tramposas seduc­ciones”, remarcó Stanovnik. s

 

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