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Optimismo acelerado, como los precios

Los precios de alimen­tos, bebidas y productos de limpieza no ceden, y consumidores exigen medidas para frenar la escalada.

En la Casa Rosada abrigan la esperanza de poner freno a la inflación en los próximos meses, in­cluso algunos ya hablan de haber logrado una desaceleración de los precios, sin embargo, el optimismo oficial contrasta con la lectura que surge de las cifras que muestran las góndolas. Uno de los más entusiastas en el discurso del éxito es el ministro de Economía, Martín Guzmán, quien ponderó el descen­so gradual del índice inflacionario tras el pico de 4,8% que se dio en marzo. Según vaticinó el funcionario, la lectura de julio -que se dará a conocer la semana veni­dera- se ubicará por debajo de la que se registró en ju­nio y pronosticó que seguirá descendiendo en la última parte del año. Así y todo la pro­yección del 29% anual que hizo el propio Guzmán ya se computa como un fracaso, en los primeros seis meses la inflación acumula­da llega al 25,6%. Se trata de un promedio porque hay rubros que han experimentando un aumen­to todavía mayor y lo peor es que continúan en evolución creciente. 
Con las tarifas casi congeladas, el segmento de alimentos y bebi­das no alcohólicas es uno de los principales focos de preocupa­ción, dado que cualquier suba en la Canasta Básica Alimentaria (CBA) se traduce en el crecimiento de la pobreza.
Según trascendió, la administración de Alberto Fer­nández autorizó un aumento promedio de 5% en la pauta bimestral para agosto y septiembre para aquellos productos que salieron de manera gradual del progra­ma Precios Máximos, puesto en marcha en el inicio de la pandemia para contener la escalada de precios ante la disparada en la demanda. Tras la finalización del congelamiento, el Gobierno buscó brindar prioridad a aquellos productos que solo recibieron aumento en julio y octubre de 2020, así como a los sectores que pre­sentan características particulares que requieren de un análisis integral.
Los últimos datos oficiales arrojaron que la canasta básica aumentó un 3,2% en junio, por lo que una fa­milia tipo necesitó al menos $66.488 para no caer en la pobreza. En tanto, la canasta alimentaria, que deter­mina el umbral de indigencia, se disparó 3,6%, por en­cima de la inflación de junio, que había sido del 3,2%. Un hogar de cuatro integrantes debió contar con un ingreso de por lo menos $28.413 para cubrir los reque­rimientos normativos kilocalóricos y proteicos impres­cindibles tomados en cuenta por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).
El organismo estadístico difundirá la semana próxi­ma los datos de inflación de julio, mientras que actua­lizará las cifras de la canasta el próximo 19 de agosto. En medio de la campaña electoral, la suba de alimentos es una de las principales preocupaciones en Casa Rosada.
El valor de la canasta básica se incrementó en los últimos doce meses un 51,8% y la alimentaria 57,6%, y de ese modo se ubican por encima de la inflación en el mismo período, del 50,2%. Dentro de los productos que más aumen­taron se encuentran los lácteos. Al respecto, el presidente de Defensa de Usuarios y Consumidores, Pe­dro Bussetti, se quejó de que ante un aumento del Índice de Precios al Consumidor del 25,3% en los primeros seis meses del año, los lácteos que releva el Indec han aumentado un 48,5%. Esto se debe -dijo- a la eliminación de Precios Máximos.
A su vez, un sondeo realizado por la consultora Fo­cus Market señala que el producto que más aumentó durante julio frente a junio fue la cerveza con 11,7%, seguido por hamburguesas con 9,1% y crema de leche con 8,4%. Luego se ubicaron los huevos con 8,3%, la lavandina con 7,4% y el café con 7,2%. Ayer la agencia NA dio un relevamiento propio consignando subas en productos de limpieza. Todos los indicadores marcan lo mismo, es que pese a la evaluación optimista del Go­bierno la realidad que enfrentan los consumidores es otra. 

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