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Heterólogo a prueba de fanáticos

Obligado por la pan­demia el profesor Fernández tiene que interactuar con los dos hemisferios. Se nece­sitan vacunas y eso requiere de vínculos con el mundo más allá de las ideologías

Si el tratamiento para adquirir inmunidad con­tra el coronavirus estuviera atado únicamente a la ideología en detrimento de otros factores que son más importantes, y ciertamente de­terminantes en el éxito de un proceso sanitario, la suerte de una comunidad quedaría atada a las arbi­trariedades dogmáticas de la política. Subjetividades que muchas veces, so pretexto de un ideal y apoyados en mayorías circunstanciales que otorgan la potestad del mando, conspiran contra el sentido común, que en materia de salud y con una pandemia en curso es equivalente al bien común. Sobre esta cornisa cami­nó peligrosamente la Argentina a la hora de procurar vacunas para combatir el virus, que ha provocado más de 107 mil muer­tes en el país. Afortunadamente, antes del tropiezo, que hubiese sido fatal, el gobierno neokirch­nerista del Frente de Todos tuvo un rapto de lucidez -semejable a la cordura- y abandonó el em­banderamiento extremo, lo que abrió alternativas de solución a millones de argentinos “varados” en medio de la vacunación. Bien­venida sea la pluralidad, que no mata, todo lo contrario.

En este caso la pluralidad debe entenderse como pragmatismo (ideológico) aplicado al esquema sanita­rio y con respaldo de los científicos. El hecho es que luego de entregarse -casi sesgadamente- a la vacuna Sputnik V, elaborada y comercializada por Rusia, y a otros fármacos de origen chino, la administración de Alberto Fernández tuvo que levantar las barreras para la llegada de los productos fabricados por Estados Unidos, Moderna y Pfizer. Obligado por la pandemia el profesor Fernández tiene que interactuar con los dos hemisferios. Se necesitan vacunas, para todos, y eso requiere de vínculos con el mundo más allá de las ideologías. Es una medida de sano juicio que, por supuesto, los fanáticos del pensamiento único no al­canzan a comprender y no lo aceptan. Los duros del kirchnerismo lo ven como una entrega de la soberanía, así lo señaló en el recinto de la Cámara de Diputados de la Nación el jefe de La Cámpora, Máximo Kirchner.

Sin embargo, la realidad es que muchos argentinos que recibieron la primera dosis de la vacuna rusa aho­ra completarán el esquema de inmunización con una vacuna norteamericana. ¿Acaso no hay soberanía en garantizar la salud de la población?

El presunto “renunciamiento” ideológico del pre­sidente Fernández permitió la rápida llegada de 2,5 millones de dosis de la vacuna Moderna, producida y donada por Estados Unidos, que ahora está siendo utilizada para la combinación con la Sputnik V. Todo esto gratis, porque se trata de un obsequio solidario que hizo Estados Unidos a los países de la región.

La provincia de Corrientes re­cibió poco más de 35 mil dosis de la vacuna Moderna y servirá para completar el esquema de vacuna­ción a los mayores de 50 años que recibieron la primera aplicación de la vacuna rusa hace más de tres meses. Lo mismo está sucediendo en otras provincias, Misiones fue la primera en largar la combinación, que se denomina esquema “heterólogo”.

La combinación de vacunas de distintos laboratorios es algo habitual en el mundo y se utiliza para distintas enfermedades, explican los especialistas. Lo más pro­bable, ante el atraso que tiene el segundo componente de la vacuna rusa, es que se continúe con el esquema heterólogo, pues lo importante es lograr el mayor nú­mero de personas inmunizadas. Esa es la meta, inde­pendientemente de la simpatía ideológica.

“La vacuna es la puerta de salida de la pandemia. Cada mes falta menos”, dijo Fernández, que dio un giro pragmático a tiempo. No obstante, lo de la salida cercana todavía está por verse, mejor no exagerar con el optimismo.

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