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Recuperar un espacio que es de todos

No son pocos los que consideran que es necesario un limpieza profunda en el predio del Gauchito Gil. Limpie­za en todo sentido.

El escándalo por el baño de sangre que ocu­rrió en inmediaciones del antro que sepultó al oratorio del Gauchito Gil en la localidad de Mercedes, obligó al Gobierno provincial a tomar medidas y así fue como a través del Ministe­rio de Justicia dispuso la intervención de la entidad -denominada Centro Recreativo Devotos de La Cruz Gil- que controla la actividad en el predio ubicado a la vera de la Ruta Nacional 123, donde tiempo atrás se podía visitar libremente la ermita del santo pa­gano. La reacción del Poder Ejecutivo se produjo en medio del creciente batifondo social y mediático que amenazaba con incordiar la campaña electoral a dos semanas de una votación cla­ve. Desde el martes, pero sobre todo ayer, Corrientes estuvo en las pantallas de los canales de la TV porteña a causa del sangui­nario doble crimen en la puerta del “santuario” popular, que es uno de los sitios más visitados de la provincia por encima de cualquier otro centro turístico. Mala propaganda con las urnas tan cerca.

Aunque compelido por el epi­sodio luctuoso (mataron a cuchi­llazos a un hombre joven y a su padre), esta vez el gobierno de Gustavo Valdés actuó con la responsabilidad que se aguarda del Estado. Si bien la medida decretada no repara el daño humano que se ha ocasionado ni restaura las pérdidas mate­riales que muchas personas pudieron haber sufrido durante los años de abandono, al menos garantiza una oportunidad para dar una vuelta de página y establecer un marco de normalidad en el funciona­miento de ese lugar. 

La intervención es el primer paso de un largo ca­mino que es indispensable transitar para recuperar el monumento funerario del Gauchito, y sus espacios adyacentes, para el disfrute de sus fieles devotos que llegan en multitud cada enero y también durante el resto del año. Vienen desde los cuatro puntos cardi­nales de la Argentina movidos por la fe, algunos des­de lugares muy distantes y merecen ser recibidos en mejores condiciones. Al fin y al cabo es la imagen de Corrientes la que se llevan de recuerdo. 

Como quedó dicho en la columna editorial de la edición de ayer, no son pocos los que consideran que es necesario un limpieza profunda en el predio del Gauchito Gil. Limpieza en todo sentido. Esa difícil ta­rea le toca ahora al comisario inspector retirado (de la Policía provincial) Víctor Isnardo, quien ayer asumió como interventor del Centro Recreativo.

Más allá de la investigación de los crímenes, que es tarea de la Policía y la Justicia ordinaria, acaso lo urgente para la flamante Inter­vención sea despejar la toldería de chapas, lonas y cartones -seu­do centro comercial- que rodea a la ermita mientras se comienza a proyectar un nuevo diseño ar­quitectónico del lugar para que los espacios sean funcionales a la necesidad del público y no del negocio de la fe. 

Pero la tarea que está por de­lante reclama la participación de todos. El interventor, para que su gestión resulte con éxito, necesita el acompañamiento del Gobierno provincial; además es vital coordinar con el Muni­cipio de Mercedes y muy importante: convocar a la Nación. La Ruta 123 es de jurisdicción nacional, le co­rresponde al Gobierno central darle seguridad al tra­zado, construir banquinas, quizás una doble trocha, iluminación, señalización con cartelería y bandas sonoras, todo lo que sea necesario para minimizar los riesgos tanto para quienes visitan el lugar como para aquellos que transitan por allí sin detenerse. 

Es esencial que el Estado, en todas sus esferas, Na­ción, Provincia y Municipio, deje de lado la indiferen­cia, la mezquindad y los intereses. Es prioritario re­cuperar un espacio que es de todos y que un puñado de crápulas lo secuestraron para lucrar en nombre de la fe.s

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