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La década estancada

En la 1ra mitad del man­dato de Macri se logró: el PBI avanzó casi 3% entre 2016 y 2017. Sin embar­go, un acelerado incre­mento de la deuda en un país que no resolvía sus problemas de fondo frenó el influjo de capitales pri­vados a inicios del 2018.

La contundencia de los números marcan una realidad que puede resultar difícil remontar: el Producto Bruto de la Argentina se redujo 12% entre 2011 y 2019, y hace diez años que la eco­nomía no crece en forma sostenida, según un informe de la consultora Ecolatina. Por el contrario, el Produc­to cayó 16% si se suman 2020 y 2021 al análisis (sólo el año pasado la economía descendió casi 10%). 

Este comportamiento no fue la norma en la región, donde el PBI per cápita creció 3,6% entre 2011 y 2019. Resultado de este estancamiento, la Argentina quedó en el puesto 175 sobre un total de 192 países en el ran­king de crecimiento de la década, reportó la agencia Noticias Argen­tinas. 

Entre 2003 y 2011, el PBI pro­medió una suba del 7% anual, habiendo alcanzado en 2005 los niveles precrisis de la convertibi­lidad y expandiéndose en forma genuina después. 

Un escenario de superávits fis­cal y de cuenta corriente, en un contexto de pagos de deuda ex­terna acotados -a excepción del FMI en 2005- impulsaron a la in­versión, que crecía a una tasa in­teranual de dos dígitos y lideraba la recuperación de la demanda. 

Además, un mundo de buenos precios internaciona­les de commodities, en especial desde 2006, y un dólar competitivo fortalecieron la entrada de divisas y aleja­ron potenciales expectativas de devaluación.

En 2011-2012 recrudecieron las tensiones en el mer­cado cambiario, que se “resolvieron” con el cepo, de manera transitoria y postergando una solución más duradera. 

“En lugar de promover correcciones de fondo, las restricciones del mercado cambiario se aprovecharon para abaratar al dólar oficial, impulsando así al poder adquisitivo y el consumo de las familias”, señaló el in­forme. 

El objetivo se logró, y este componente de la deman­da creció 4% entre 2012 y 2015 -ayudado también por el congelamiento tarifario, que elevó el gasto en subsi­dios, volviéndolo una porción tan relevante como difí­cil de sostener del déficit fiscal primario de 2015-. 

En diciembre de 2015, la economía argentina tenía importantes pasivos por el lado fiscal y cambiario, ade­más de distorsiones relevantes de precios relativos. No obstante, tenía un activo clave: el bajo nivel de deuda pública relevante -es decir, con acreedores privados y organismos multilaterales de crédito-. 

En la primera mitad del mandato de Mauricio Macri se logró algo: el PBI avanzó casi 3% entre 2016 y 2017. Sin embargo, un acelerado incremento de la deuda en un país que no resolvía sus pro­blemas de fondo frenó el influjo de capitales privados a comienzos de 2018, para luego provocar una sa­lida constante de estas inversiones durante el año y medio siguiente. En este marco, y para evitar una devaluación todavía mayor el go­bierno de entonces recurrió al FMI en mayo de 2018. Se aceleró la in­flación, que superó la barrera del 50% anual, y los salarios perdieron casi un quinto de su poder de compra. El consumo se desplomó y el PBI cayó casi 5% durante la gestión de Macri. 

La llegada de la pandemia agravó la situación ante­rior y las restricciones operativas en una economía con demanda deprimida y sin financiamiento provocaron una caída del 10% en el PBI durante 2020. 

“La década estancada, entonces, generó los cimien­tos para seguir estancados un tiempo más”, alerta el informe. 

El informe traduce la realidad, pone en foco la impe­ricia para frenar los problemas y la falta de previsión para la coyuntura. Un país que, a ritmo del último avan­ce, le llevaría 11 años para retomar aquellas cifras.

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