Chaco Corrientes SoyNorte Club
Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.nortecorrientes.com/a/171492
EL DÍA QUE CAYERON LAS TORRES GEMELAS DE NUEVA YORK

A 20 años del ataque terrorista que el mundo siguió en vivo

El atentado que fue reivindicado por el grupo Al-Qaeda, provocó miles de muertos. El dolor de una nación he­rida. 

El 11 de septiembre de 2001 el mundo cambió: una serie de atentados sincroni­zados, que fueron reivindi­cados por el grupo terrorista Al-Qaeda, provocaron miles de muertos en los Estados Unidos cuando dos aviones de línea impactaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, un tercero se estrelló contra el Pentágono y otro, que presumiblemente tenía como objetivo el Capitolio en Washington, se vino abajo en un campo de Pensilvania. 

La secuencia trágica, de la que hoy se cumplen 20 años y que fue transmitida en vivo al mundo entero, con imá­genes impactantes dignas del cine de catástrofe, duró apenas 73 minutos, pero sus consecuencias se prolongan hasta el día de hoy. Esa ma­ñana del 11-S, en el ocaso del verano boreal, el cielo estaba despejado en Nueva York y la gente iba a sus trabajos con normalidad cuando de repente, a las 8.46, una ex­plosión en la parte superior de la Torre Norte del World Trade Center alteró la rutina de todos. 

Los medios estadouni­denses se hicieron eco del incidente y comenzaron a transmitir en vivo imá­genes de una columna de humo que salía de los pisos superiores. Las primeras informaciones que trascen­dieron daban cuenta de que una avioneta había impac­tado contra el edificio y se especulaba con que el piloto habría sufrido un infarto. Nada más alejado de la realidad. Diecisie­te minutos después, a las 9.03, mientras las cáma­ras apuntaban a ambas torres ubicadas en el sur de Manhattan, captaron el momento en el que un segundo avión impactaba de lleno contra la Torre Sur. A partir de ese momento, ya no quedaron dudas de que se trataba de un ataque te­rrorista. Hubo estampidas de personas en las calles y la gente que estaba en am­bos edificios comenzó una evacuación lenta y deses­perada por las escaleras de emergencia, al tiempo que los bomberos subían para tratar de controlar el fuego y rescatar a las personas que estaban atrapadas en los pi­sos superiores.

Los dos aviones que se estrellaron contra el World Trade Center habían despe­gado del Aeropuerto Inter­nacional Logan, de Boston, con rumbo a Los Ángeles. 

El primero, el vuelo 11 de American Airlines, un Boeing 767 con 92 personas a bordo, fue el que impactó contra la Torre Norte, y el vuelo 175 de United Airlines, otro Boeing 767 que partió 15 minutos después y lleva­ba 65 personas, se incrustó contra la Torre Sur.

El por entonces presidente de los Estados Unidos, Geor­ge W.

Bush, estaba en un aula de la escuela primaria Emma E. Booker, de Sarasota, Florida, frente a un grupo de niños. Una cámara registró el mo­mento en el que el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Andrew Card, se acercó a él y le susurró al oído: “Están ata­cando a los Estados Unidos”.

Mientras toda la atención estaba centrada en el sur de Manhattan, con las inmen­sas columnas de humo que teñían de muerte el cielo, a las 9.37, otro avión, el vuelo 77 de American Airlines, un Boeing 757 con 64 personas a bordo, que había despegado del Aeropuerto Internacio­nal Dulles, de Washington DC, hacia Los Ángeles, se es­trelló contra la fachada oeste del Pentágono, probable­mente uno de los sitios más protegidos del mundo. El caos y el descontrol aumen­taron en Nueva York cuan­do a las 9.59 se vino abajo la Torre Sur y media hora más tarde se derrumbó la Torre Norte: ese fue el final de las Twin Towers.

El yihadista Bin Laden fue quien dio luz verde al plan devastador

Si bien el ataque sincronizado fue devas­tador, el plan original de Al-Qaeda era mu­cho más ambicioso aparentemente.

El terrorista yihadista Osama Bin Laden no fue el cerebro de los atentados del 11 de setiembre, aunque sí fue quien dio luz verde al plan, brindó apoyo logístico y lo financió, ya que el ideólogo fue el pakistaní Khalid Sheikh Mohamed, que está preso en Guantánamo desde 2006.

En 1994, Khalid Sheikh Mohamed viajó a Filipinas para trabajar en la fallida Ope­ración Bojinka, que pretendía destruir 12 aviones comerciales que volaban entre Estados Unidos, Asia Oriental y el Sudes­te asiático. Dos años más tarde entró en la mira de Washington, que le pidió su cap­tura al gobierno de Qatar. Entonces huyó a Afganistán, donde conoció a Bin Laden, a quien le propuso el germen de la idea de los ataques del 11-S. En 1999 se convirtió en un activista pleno de Al-Qaeda y empezó a planificar los ataques.

Ese borrador incluía once atentados si­multáneos con aviones a símbolos esta­dounidenses como las Torres Gemelas, el Pentágono, la Casa Blanca, el Capitolio, el Empire State y la Torre Sears de Chicago.

Finalmente, por cuestiones logísticas, el plan se redujo a los cuatro objetivos que se alcanzaron y la Casa Blanca. 

Sin embargo, este último tampoco se pudo concretar porque en agosto de 2001 el piloto suicida que lo iba a dirigir fue de­tenido por cuestiones migratorias. Nueve días después de los atentados, con el país todavía en estado de shock, George W. Bush brindó un discurso que marcaría las dos décadas siguientes: “Los estadouni­denses se están preguntando, ¿por qué nos odian? Odian lo que ven aquí mismo, en esta cámara: un gobierno elegido democrá­ticamente”, dijo el presidente desde la sede del Congreso.

Notas Relacionadas