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CELEBRACIÓN Y ENCUENTRO EN CAÁ CATÍ

En San Cirilo, los duendes se encargaron de festejar y brindar

Es el segundo año consecutivo en que no se puede realizar la tradicio­nal fiesta que convoca a artistas y seguidores de esta tradición.

Una de las fiestas de hon­da tradición en Corrientes es San Cirilo. Según cuentan nació como un pretexto para compartir. En octubre se sue­len hacer las yerras. Cambá Abel Esquivel, un correntino de ley afincado cerca de Caá Catí, seguramente emparen­tado con el Coronel Antonio Bernabé Esquivel (Chiquillo) y cuya fecha de fallecimien­to se toma como fecha de recordación del pueblo tenía y trabajaba esa costumbre. Esa hermosa costumbre de compartir, seguramente no lo leyó pero coincidían con García Márquez. Creo que todavía no es demasiado tar­de para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.

Campo adentrado de algu­nas lomas y muchos baña­dos, un lugar ideal para la cría del ganado vacuno, Cambá Abel supo ejercer esta cultura y era de marcar muchos ter­neros. Yerra viene de hierro, material que se utiliza para marcar la propiedad del ani­mal. San Cirilo está de yerra, todo el vecindario se agita y se estremece preparándose para el día señalado. La noti­cia cunde con la celeridad del rayo, y no será extraño que haya más de un centenar de paisanos que vinieron de le­janos pagos. El lazo cae en las astas del orejano, si es vacu­no, y si es équido, en el cue­llo. Un sapucay, un grito de alegría, un aplauso, un buen chamamé, resuena entre los actores y espectadores de la escena, y mientras los ecos y la brisa pierden aquella manifestación en el campo correntino, la víctima brega pugnando por cortar la fuer­te polea que la aprisiona. La contienda ha comenzado.

Cuánta pilcha lujosa com­pone el apero del gaucho, sale a tomar el aire con esta circunstancia, Bombachas batarazas, chapeados de pura plata, lazos trenzados de veinticuatro, en fin, todo aquello de más rico, de más caro y más apreciado que existe en el paisano su ho­nestidad y humildad y gallar­día están presente, se suma­ba a esta lucha de gladiado­res conjuntos de chamamé que en plena faena tocaban animaban y alegraban la ye­rra, siguiendo la tradición de las corridas de toros que se toca la música en el paseíllo, arrastre de mulillas y cuando el matador pone las banderi­llas, todas similitudes.

El lugar se denomina San Cirilo, como premio al santo de Alejandría que supo ser defensor de la doctrina que proclama a María la Theo­tokos: Madre de Dios. Esta doctrina fue proclamada como dogma en el Concilio de Éfeso (431) que San Ciri­lo presidió bajo la autoridad el Papa Celestino. San Cirilo como buen interlocutor de la Virgen María, suele inter­ceder para que siempre reina la alegría, la solidaridad y las buenas costumbres en ese lugar. Siguieron las yerras y se acordó llevar esta fiesta que cada vez era más popular y animada al día del cum­pleaños de Cambá Abel 30 de octubre.

"Esto no es un festival, es una fiesta de los amigos, un encuentro de la amistad", nos recuerda el doctor Ortiz. Yo sueño que venga octubre, tomar un vino sin tiempo degustando un chamamé; no cuesta ser correntino y en San Cirilo mejor nos decía el poeta Juan Carlos Jensen.

Existe una placa que es muy elocuente reza así: "Los duendes siguen tocando aquí y esta la lista que por esas co­sas de la vida, la muerte ya no están son ellos Los Sheridan, Isaco Abitbol y Julio Norman, Modesto Barrios, Gabino Quiroz, Antonio Niz, Tito Miqueri, Salvador Miqueri y otros anónimos, en ese lugar está la única estatua que exis­te del Gringo Sheridan.

La fiesta pensándolo bien se parece a una procesión que da vuelta por el mismo lugar, todos concurrren. Los visitantes parecieran estar constantemente en camino, se va haciendo mientras se conversa, comparte y baila. No puede permanecer quie­to; necesita metas que pon­gan el alma en movimiento y la llene de afecto y arte, pere­ciera estar permanentemen­te insatisfecho, no se confor­ma, se dirige tras la felicidad, bebe, come, baila y se le sale algún sapucay y no es posible la aventura caminando en solitario, van todos en el mis­mo barco, en San Cirilo la ale­gría está vinculada a la de los demás. Por eso es un fuerte correctivo al individualismo insolidario (por José Miguel Bonet desde Mburucuyá). 

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