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EX GOBERNADOR DE CORRIENTES

"He conquistado la vida"

Al llegar a este nuevo cumpleaños puedo decir que he conquistado la vida. Conquista que se hizo con valores. Luchando, traba­jando, construyendo hacia adelante, con muchas per­sonas a mi alrededor.

POR TATO ROMERO FERIS

Sin dudar afirmo que la fuerza está en mi familia, mis amigos incondicionales y fieles, mi Partido Nuevo, en mi esfuerzo y en mi tra­bajo diario, en mi espíritu siempre inquieto, abierto cada día a los horizontes de cielo y tierra.

Es cierto, hubo días grises, noches oscuras y muchísimas felices. Algunos de sosiego, de calma y de tiempo para pensar los pasos a dar. Días de grandes alegrías, profun­das hasta las lágrimas de fe­licidad, como el nacimiento de mis hijos y los momentos vividos en familia.

Además, alegrías por los triunfos electorales, y los éxitos logrados con esfuer­zo. Entre medio, los días fre­néticos de construcción, de seguir los ciclos de la vida, sus tiempos y sus frutos, de labor incansable de sol a sol.

Valores como mi familia, como pilar fundamental, que tiene sus raíces en mi padre y en mi madre, y aquel entorno que supieron re­crear desde mi niñez. La in­condicionalidad de ella, y el esfuerzo inagotable de él. Lo mismo traté de marcar des­de mi juventud. Se abrieron ante mí varios caminos que, con errores y aciertos, elegí seguir. 

 La actividad ganadera me da sus grandes oportunida­des: los negocios, el trabajo sin límite de tiempo, porque creo que todo apremia en la vida. Llegué lejos, con CRA construimos un modelo de sociedad y un debate de ca­lidad y de avanzada cuando aún el país trataba de en­contrar su perfil. Aprendí lo que es la riqueza de mi pa­tria, los valores de su gente de trabajo y de cómo unirlos en pos de un objetivo co­mún. Así la posicioné como la entidad rural más federal del país.

Valores del trabajo, de la unión, del respeto, del saber escuchar y comprender lo que el otro necesita. Eso me enseñó la actividad rural y gremial.

Luego la actividad políti­ca, la experiencia de cómo mi padre la entendía, y los sinsabores que también le trajo, me predispusieron, no sin algunas objeciones, en ese camino. La encaré de manera distinta, diferente a como la entienden muchos, y quizás mis ímpetus, hizo que más allá de ser necesa­rio, pasara a ser alguien que podía generar sentimientos encontrados.

La experiencia y mi im­pronta de trabajo, el estar atento a las necesidades de los demás, el saber escuchar, y el sensibilizarme ante el que sufre y del que no tiene nada más que su esperanza luchando todo el tiempo, me dan el Norte de lo que debe ser mi participación.

En ella no soy un improvi­sado. Al contrario, conozco el país en su extensión, mi provincia como la palma de mis manos, y lo más impor­tante, la manera de ser de su gente. Veo lo lejos que es­tamos de darles un cambio a sus vidas, si no ponemos todo nuestro ingenio y ca­pacidades en su favor. La es­peranza de una casa propia se esfuma en un expediente y en los negocios de los po­derosos. El trabajo genuino se pierde en las inversiones que nunca llegan, los es­fuerzos del trabajo diario se diluyen en los proyectos grandes prometidos, y nun­ca cumplidos. Entiendo que allí es donde están los an­tivalores, y lo que hay que subvertir. 

 Así nace este amor in­condicional y mutuo con la gente. Entenderla y mi­rarle a los ojos. Ver sus carencias, sus deseos, y la posibilidad de darles una respuesta, a veces una sola palabra y cum­plirla, es la manera. Dar esperanzas ciertas, ba­sada en afectos, en la con­fianza, el reconocimiento y la gratitud, que trasciende y que nunca, aquellos que no se predisponen a vivirla, la tendrán. 

Los días grises y de dolor existen. No los niego. Co­meto errores, pero nunca busco el mal de los demás, sino marcar una enseñanza que fortalezca. Lamento no satisfacer las intenciones, cuando no coinciden con los de la gente.

La mayoría de los golpes fueron con tanta saña, que nunca pensé que llegarían a tanto. Por egoísmos, por querer dejarme afuera a cómo dé lugar, aún hoy re­cibo muchas palmadas de acompañamiento, pero si­lencios en soledad. Si debo poner en la balanza, sigo en esta lucha contra molinos de viento. A lo Quijote, con mi familia y amigos al lado, sigo. Pero ¡qué bien vendría algún acompañamiento de quienes tienen poder para enderezar la historia!

Y de las noches negras, qué decir. Cada ausencia, me enseñan la finitud de la vida. Todo tiene un final, todo termina, y todo se re­nueva.

 Eso sí, Dios me puso aquí para un fin, y trato de cum­plirlo, superando día a día cada desafío. Estoy seguro, de mí y de mi destino. Esos trabajos unen mis amanece­res y mis atardeceres de cada jornada de mi vida. Hoy vuelvo la mirada a mis nie­tos, y veo en ellos el triunfo de ella. 

Por eso mi visión es de es­peranza, como lo fue siem­pre. A los jóvenes les digo que no se contaminen de la política mala, de los odios y rencores que puedan exis­tir, y valoren la amistad que termina uniéndolos de por vida. Hay que animarse, hay que emprender, si se fraca­sa, se aprende y se vuelve a empezar. No hay que tener miedo a la vida. 

En una provincia donde se tiene todas las posibilidades de ser una de las mejores del país, su ubicación en el cen­tro del Mercosur debe ser aprovechada uniendo Amé­rica desde Corrientes para generar riqueza y empleo. 

 Con sensibilidad por el otro, porque sin sentimiento no hay política. Yo la hice es­tando libre y estando preso, porque para ello no se tie­nen barreras. Así construi­mos hospitales como el Juan Pablo II, viviendas, redes de energía, caminos, porque hacían falta, no porque se nos ocurrió, o se planificó en un escritorio, sino que surgieron de la realidad, y respondimos.

No es la edad lo que da fuerzas, es lo que se tiene en el espíritu. Por eso sostengo que los años no menguaron mi espíritu ni mis fuerzas.

Hoy, en este día, sin du­darlo absolutamente, digo: He conquistado la vida, y he triunfado.s

"Conozco el país en su extensión, mi provincia como la palma de mis manos, y lo más impor­tante, la manera de ser de su gente".

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Tato Romero Feris
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