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Con el paso cambiado

El tema central en la Argentina por estas horas es la escalada a toda velocidad de los casos de coronavirus, consecuencia de la penetración de la variante Ómicron que actúa como una suerte de combustible premium para la pandemia. Tanto es así que en las últimas 72 horas, el registro epidemiológico nacional ha estado subiendo de a 15.000 casos por día: fueron poco más de 80.000 el martes; saltó a 95.000 el miércoles y ayer llegó a 109.000 casos, un récord tras otro. Nada que sea motivo de orgullo, muy por el contrario. Incluso, hasta resulta incómodo acertar en los pronósticos, ayer en esta columna editorial se advertía que el oleaje de contagios es tan fuerte que amenaza con convertirse en un tsunami. Esa fue justamente la figura que utilizó la Organización Mundial de la Salud (OMS) para graficar la gravedad que adquirió la pandemia a nivel global, lo que -por supuesto- incluye a la Argentina. La situación se torna cada vez más compleja, sin embargo el asunto no ha motivado mayor interés de las autoridades gubernamentales. En la Casa Rosada, por ejemplo, están enfocados en el trámite con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por la refinanciación de una abultada deuda, tema que es crucial para el futuro del país; mientras tanto, el presente, condicionado por el covid, puede esperar.
La definición de las prioridades en la Argentina es todo un misterio, cada gestión tiene su manual de procedimiento, por eso es que siempre se llega tarde a lo urgente. Hace dos años, es decir antes de que se desatara la pandemia, el presente de aquel momento imponía cerrar un acuerdo con el Fondo por la abultada deuda externa que dejó el gobierno de Mauricio Macri. No se hizo nada. Incluso el año pasado, aun en la peor instancia de la emergencia sanitaria a nivel internacional, hubo espacio para avanzar en un entendimiento con el FMI. Tampoco se hizo nada. 
Ahora con el agua al cuello en los dos frentes, en el sanitario y en el económico, la administración de Alberto Fernández apura la marcha para tratar de conseguir un acuerdo con el Fondo, pretendiendo condiciones especiales que parecen muy difíciles de conseguir. No está mal, ojalá se concrete al menos una parte de todas las flexibilidades que está pidiendo, pero el hecho incontrastable es que la gestión del Frente de Todos está desatendiendo la verdadera urgencia y el virus se expande.
Es el problema de la Argentina, trata los asuntos de manera extemporánea. Les sucede a todos los gobiernos no sólo al de los Fernández, en las provincias se replica idéntico desatino. Agenda embrollada por la política. Cuando los gobernantes se acuerdan de atender aquello que se presentaba como una urgencia, ya es pasado. El presente es otro. 
Caminar con el paso cambiado de la realidad es un problema serio porque lo sufre la ciudadanía. Ejemplo: el Gobierno nacional está ocupado desde el inicio de año en conseguir una foto de todos los gobernadores, incluidos los de la oposición, con el ministro de Economía, Martín Guzmán, para mostrarla en Washington (Estados Unidos) como señal de unidad para encarar la negociación por la deuda. 
A eso ha dedicado sus energías desde el cambio de almanaque, con jaleo de por medio con los mandatarios de la oposición (los radicales), especialmente el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. El encuentro con Guzmán, que explica el paso a paso que requiere la propuesta argentina, que consiste en un plan de facilidades extendidas, no sirvió de mucho. Sólo tuvo un carácter informativo, alfombrado por una intensa polémica sin sentido. Agotamiento improductivo de tiempo y recursos.
¿No habría sido más útil organizar una reunión para coordinar un plan de acción frente al desborde de la Ómicron? Pero, eso es presente, a la política le gusta mirar al horizonte.