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Un paso adelante

El entendimiento con el Fondo Monetario Internacional tiene aspectos positivos y un costo, previsible. Ahora resta la galvanización política. 
Luego de una prolongada espera, de casi dos años, que derivó en un apuro que desató frenéticas negociaciones durante los últimos meses, y especialmente en las semanas recientes, el gobierno de Alberto Fernández llegó a un entendimiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para avanzar en la reprogramación de la abultada deuda que arrastra la Argentina y que fue tomada en 2018, durante la gestión de Mauricio Macri. El anuncio se formalizó ayer a la mañana, al filo del vencimiento de la primera cuota del año, por un monto de 717 millones de dólares. Aunque el acuerdo está encaminado y solo falta protocolizar lo pautado, igual el país tuvo que pagar. Al mismo tiempo que se producía el desembolso, el ministro de Economía, Martín Guzmán, daba detalles del programa a la prensa. Esto demuestra que si bien está todo encausado, hay algo que nunca se interrumpe y es abonar lo que se debe.
Lo primero que tuvo que hacer Argentina es saldar la obligación inmediata. Y cumplió. Tal como lo había adelantado el jefe de Gabinete, Juan Manzur, el gobierno del Frente de Todos tiene voluntad de pagar. Así quedó demostrado. Sucede que es una condición indispensable que deben observar todos los acreedores.
Ahora bien, el tan mentado "acuerdo" por ahora es un borrador firme de un entendimiento para un programa a ejecutarse en dos años y medio (que tiene distintos puntos) y además un plan de reprogramación de los vencimientos de la deuda. Lo importante: el Gobierno consiguió algunas facilidades, pero hay un ajuste implícito. Esta es una realidad incontrastable, el Gobierno (o el Estado argentino) tendrá que reducir el déficit fiscal significativamente hasta llegar al 2025 (próxima gestión) con un resultado negativo de 0,9%. Esa es la meta. ¿Cómo lo hará? En este punto comienzan todas las especulaciones.
La reconocida economista -y docente- Diana Mondino parafraseó la canción de Joan Manuel Serrat: "Se hace camino al andar", al referirse a este interrogante de cómo se resolverá el desafío de ajustar el gasto en el país y reducir el déficit fiscal. 
"El sendero de reducción del déficit a lo largo de 3 años indica que de alguna manera ha de conseguirse financiación durante ese tiempo, y ya sea por mayor endeudamiento en el mercado interno o por mayor emisión si se financia con el Bcra, en ambos casos el sector privado tendría poco acceso al crédito y alta inflación", reflexionó Mondino en una nota de opinión para la Agencia Noticias Argentinas. Y completó su análisis: "El enorme costo fiscal disminuye las expectativas de gran crecimiento de la economía, ya que es poco probable que así sea dado porque el sector privado tiene poca capacidad de incentivos para mejorar el empleo".
Por su parte, el economista Aldo Abram (titular de la Fundación Libertad y Progreso) consideró que "el acuerdo con el FMI es una buena noticia para todos los argentinos. Permite sacar del horizonte la posibilidad de entrar en cesación de pagos en marzo, cuando vencen más de US$5.000 millones con ese organismo internacional y el Club de París que no se podrían pagar. El resultado hubiera sido una crisis muy fuerte porque perderíamos el poco crédito internacional que nos queda y quedaríamos financieramente aislados del mundo, con dificultades incluso para exportar e importar". 
Sin embargo, Abram resaltó que "sería un error creer que se solucionaron los problemas de fondo de Argentina y solo le queda crecer. En 2020, lo mismo dijeron respecto del canje de la deuda con el sector privado, que fue exitoso, y la crisis de credibilidad continuó".
El próximo capítulo es el debate en el Congreso de la Nación. Aspecto crucial, allí se puede galvanizar el entendimiento y fortalecer su andamiaje o volverlo una hojalata sin sustento. De la política depende.