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SE CONFIRMÓ LA 53ª EDICIÓN DEL FESTIVAL

Mburucuyá, oráculo del Chamamé

Febrero es el mes de la fiesta en esta localidad. En 2022 se realizará del 4 al 6. Tres noches del chamamé tradicional, como lo llaman.
 

Oráculo es la respuesta de una divinidad a una pregunta, como la

propia divinidad o el santuario en el cual la pregunta fue respondida. Los pueblos antiguos tenían en sus oráculos el sistema de predicción del futuro. En la antigua Grecia eran elementos fundamentales y los sacerdotes y sacerdotisas respondían las preguntas en el templo de forma enigmática y repleta de simbolismos. En Corrientes, Mburucuyá es el oráculo del chamamé, es el lugar donde se hacen las "preguntas y estas son respondidas por las sacerdotes y sacerdotisas del auténtico chamamé. Santuario donde se cultiva lo tradicional del chamamé, donde sacerdotes como Eustaquio Miño, Tito Miqueri, Antonio Niz, Salvador Miqueri y una larga lista se comunicaban con las deidades para nutrirse, o en tal caso ofrecer lo tradicional y lo auténtico. Dos cosas muy simples: es auténtico porque sólo se toca chamamé y tradicional, porque se lo trae desde mucho tiempo atrás.
En Mburucuyá surgió la idea por parte de Eustaquio Miño de festejar el día de la Santa Patrona de los músicos, Santa Cecilia, y encuentra en Tito Miqueri el eco que él esperaba, se ponen manos a la obra y organizan el festival más auténtico chamamecero, realizado en la provincia y en todo el país. En los albores del ‘46 se formó la primera comisión organizadora, formada exclusivamente por músicos del lugar. Además de Eustaquio Miño y Tito Miqueri, tuvo entre sus integrantes a Silvio Luque (tocaba la guitarra), Justo Aromí (tocaba el violín), Totón Gómez, Fortunato Fernández, Mario Sosa, Silvio Luque, Verón, Salvador Miqueri y otros. La primera fiesta se realizó el 22 de noviembre de 1946.
El término festival fue incorporado al vocabulario de la gente, mientras que músicos de otros lugares, profesionales y aficionados eran atraídos por lo que se fue constituyendo en un gran acontecimiento folclórico de primera magnitud. Así llegó a 1968, fecha en que se efectuó por primera vez en el club General San Martín de Mburucuyá. 
El Primer Festival del Chamamé, constituido oficialmente mediante Decreto Nº 3974/70, durante el gobierno de Adolfo Navajas Artaza, y en el año 2006 por ley de la Nación se declara a Mburucuyá "Sede Permanente de la Fiesta Nacional del Auténtico Chamamé Tradicional", es decir, estamos a 52 años del decreto provincial y a 16 del decreto nacional, impulsado por la senadora Anahi Sánchez.
Las fechas del Festival fueron variando, había nacido en homenaje a Santa Cecilia, Patrona de la Música. El escenario, después de su reconocimiento oficial, fue el Campo de Deportes del club Atlético Mburucuyá, hasta 1974, fecha en que se inaugura el anfiteatro.
Este anfiteatro en Honor a Eustaquio Miño lleva su nombre y el escenario el de Tito Miqueri.
Al constituirse el festival se hizo un reglamento que hasta el día de hoy está vigente y cada vez más vigoroso, en el que se señalan los instrumentos típicos del chamamé: guitarra, bajo, violín, acordeón, bandoneón y piano. Son esos los que pueden ser ejecutados en este escenario. No se permite otra melodía que no sea chamamé. La comisión tiene un sentencia al lado de los equipos amplificadores con el mando, por si alguien no cumple con el reglamento. Si así fuera, el sonido desaparece y el escenario queda en silencio.
El poeta Jensen nos deleita con un hermoso poema a Santa Cecilia: "Todos los que cultivamos el tradicional y auténtico Chamamé, nuevamente le pediremos a nuestra querida Santa Cecilia el aval, para hacer un nuevo festival en el calor de Febrero, y recordar al primero que en tu nombre y en tu honor, te festejó con amor, con la ternura de un niño, yo te nombro Eustaquio Miño".
En febrero Mburucuyá abre sus brazos y su corazón, para que todos los que nos visitan puedan disfrutar de la amistad y la música, nadie se sienta extraño y es tradición juntarse fuera del horario del festival a compartir alguna comida y gozar de buena música. El festival de Mburucuyá es como el viento, viejo, pero sigue soplando con más bríos.