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Tramposos

La gestión del gobierno del FdT sigue empan­tanada, mientras en la cuerda política juegan a sacarse ventaja para conseguir espacios de poder.

La sorpresiva jugada para dividir el bloque del Frente de Todos (FdT) en la Cámara de Sena­dores del Congreso de la Nación para conver­tirse en segunda minoría, además de ostentar la mayoría del cuerpo, y así arrebatar al PRO un repre­sentante ante el Consejo de la Magistratura, no fue una genialidad de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner sino una copia de una maniobra con igual fin que en su momento realizó Juntos por el Cambio. Su­cedió cuando gobernaba Mauricio Macri y el entonces oficialismo, en lugar de dividir la bancada sumó dis­tintos componentes para engordar su representación y conseguir un sillón en el estraté­gico Consejo que maneja los hilos de la Justicia argentina. Así, entre sumas y restas las dos grandes alianzas, que en conjunto eng­loban casi el 80% del electorado nacional, le hacen trampa al siste­ma para aventajar a su oponente y gobernar las instituciones, o en todo caso entorpecer el normal funcionamiento de las institucio­nes. Los tramposos mandan, es una dolorosa, pero acertada de­finición de la Argentina. El (des)calificativo surge de una explica­ción que dio la vocera presidencial, Gabriela Cerruti, quien recordó la operación de Juntos por el Cambio (JxC) cuando era gobierno. Palabras más, palabras me­nos, reconoció que ese tipo de maniobras se constitu­yen en "trampas a la política y a la democracia". 

Aunque la ex diputada, hoy convertida en vocera de la Presidencia, hablaba de la gestión anterior, en su ex­posición también estaba embarrando al kirchnerismo, que en efecto hizo trampa para quedarse con un lugar que -actuando con honorabilidad- no le correspondía. Resulta difícil imaginar que algunos actores de la po­lítica argentina se comporten con honorabilidad. Del mismo modo es extraño que Cerruti no se haya dado cuenta de la carambola de descalificación que estaba lanzando al aire. ¿Llegará a tanto la discordia dentro del Gobierno? En este caso no hay que olvidar que para ser un buen tramposo es indispensable ser un eficaz simulador.

No obstante, referentes del núcleo K y la militancia cristinista en general aplaudieron alborozados la tri­quiñuela de la Vice y presidenta del Senado nacional. Es verdad, también hubo tibios respaldos desde el Go­bierno, como los de la vocera presidencial, entre otros. 

El punto es que la maniobra de CFK y la integración del Consejo de la Magistratura en general hizo de corti­na de humo para que el oficialismo pueda respirar por un momento de su crisis intestina, que no tiene visos de solución. El frente externo, sin embargo, sigue sumando avatares. En ese plano los apuros son para el presidente Alberto Fernández, que a su favor computa no haber protagonizado ningún dispara­te en los últimos días. Tampoco generó ninguna acción brillante, pero al menos esta vez no metió la pata ni se fue -mucho- de boca, lo que ya es bastante.

La gestión, sin embargo, persis­te en un pantano de indefinición. Trancada, pese a las medidas que han anunciado y con las que se su­pone podrá acolchonar los efectos degradantes de la inflación. 

Mientras los indicadores muestran crecientes pro­blemas, el ministro de Economía, Martín Guzmán, hizo su mejor esfuerzo ante el Fondo Monetario Inter­nacional y el Banco Mundial. Dijo que el problema no es sólo la inflación sino la distribución. Un eufemis­mo del que, al menos, nadie se rió en esos foros. Otra trampita, en este caso dialéctica, para disimular la du­rísima realidad. 

Como sea, el hecho es que cada vez resulta más difí­cil confiar en que el Gobierno pueda ordenar este des­equilibrio. La economía corre aceleradamente por un carril y la política se entretiene con las trampas. Nada bueno puede salir de eso.