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La economía de la mano de la política

La puja conlleva en­tonces a que mientras desde lo político no se consigan acuerdos (in­ternos en el Gobierno y luego con la oposición), lejos se estaría de poder concretar un programa económico.

La pelea por controlar la suba de precios es in­tensa, con medidas erráticas por cierto que lle­van a esta realidad incontrolable casi al borde de la consideración de hace 30 años: el fantas­ma de la hiper subyace en cada registro publicado por el Indec.

Y en ese contexto, en medio de la aceleración in­flacionaria de los últimos meses, precisamente este organismo dará a conocer este jueves el Estimador Mensual de la Actividad Económica (Emae) de marzo, indicó ayer la agencia Noticias Argentinas. 

El indicador lleva doce meses de crecimiento con­secutivo y acumula un alza de 7 por ciento en el primer bimestre del año. En marzo, la inflación tuvo un pico de 6,7 por ciento, que amenaza con poner a prueba el rendimiento positivo que viene sosteniendo el Emae. 

El dato del tercer mes del año concentrará la expectativa en ver si el actual panorama alcista de precios mostrará o no un efecto notorio en el nivel de actividad, que marque un precedente sobre las posibilidades de crecimiento de la economía en este 2022. 

En febrero último, el Emae registró una variación de 9,1% respecto al mismo mes de 2021. 

El indicador desestacionalizado subió 1,8 por cien­to respecto a enero, mientras que el indicador tenden­cia-ciclo registró un 0,3 por ciento de variación. 

El nivel de la actividad, en el segundo mes del año, se ubicó a solo 2,2 por ciento del máximo registrado en noviembre de 2017. 

El economista Fausto Spotorno, director de Orlan­do Ferreres, anticipó a principios de mayo que la acti­vidad económica "en marzo tuvo una caída respecto a febrero, pero creció 3 por ciento en relación al año pasado, y en abril según los datos que hay fue más o menos como marzo". 

Asimismo, adelantó que "lo que se viene para ade­lante son meses de leve retracción o estancamiento porque no se ve que haya suficientes energías". 

A su vez, el banco de inversión estadounidense, JP Morgan, pronosticó en un informe reciente un fuer­te deterioro de la economía argentina, a partir del aumento de la inflación y las mayores restricciones energéticas. 

La entidad aseguró que para los primeros tres meses del año la mejora del PBI se ubicaría en 5 por ciento respecto al año anterior, pero este segundo tri­mestre será mucho más complicado, ya que proyecta una fuerte caída de 4,5 por ciento interanual.

La situación se revela como preocupate en un contexto in­ternacional que no ayuda al país, con problemas extremos desde lo económico con su impacto en lo social que cada vez conlleva in­convenientes más preocupantes. 

Implica, ante todo, que lo eco­nómico tiene su sustento en la confianza, que parte como nece­saria presencia desde el acuerdo político. Y si se tiene en cuenta que la puja de hoy en día no se da entre oficialismo y oposición, sino entre las facciones de la alianza gobernante, mal se puede entender que la población va a depositar la confianza para algún programa económico. La puja conlleva entonces a que mientras desde lo político no se consigan acuerdos (internos en el Gobierno, y luego con la oposición), lejos se estaría de poder concretar un programa eco­nómico. 

Y eso lejos aun de establecer si contiene las medidas necesarias para salir a flote. Esos argumentos, por más buenos que sean, no podrán ser ejecutados en un con­texto de incredulidad política y social extrema. 

Los acuerdos hacen falta, lo que por ahora no se re­gistran en el horizonte cercano.