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¿Antesala de una gran crisis? 

En Corrientes, el gobernador Valdés recibió a los estacio­neros, empresarios propie­tarios de las terminales de combustibles con quienes analizó la situación, y luego se reunió con productores para conocer de primera mano la situación que se padece con esta realidad.

La situación generada por la falta de gasoil deja al descubierto una vez más la realidad del país, que la padecen las provincias más alejadas del centro, de la urbe porteña que sigue el tema so­lamente por la televisión, y de a ratos.

La solución fue reseñada por el jefe de Gabinete de ministros Juan Manzur, semanas atrás cuando en cumplimiento de la manda constitucional respecto al informe a brindar a los legisladores, dijo a la prensa al concluir ese menester que el tema estaría superado en las siguientes 48 horas.

Manzur incluso había estimado antes de arrancar la jornada que tenía como eje central esa presentación ante los sena­dores, la "solución" que se había alcanzado luego de un encuentro con los ministros, bien temprano en la Casa Rosada.

El funcionario, gobernador con licencia de Tucumán, pertenece a una de las provincias afectadas por la falta de este combustible, en un lote de 19 que marca el cen­tro y el norte del país como la re­gión afectada.

Claro está que ni la Ciudad Au­tónoma de Buenos Aires (Caba) ni la provincia de Buenos Aires están entre las que más padecen la escasez del gasoil y, por ese motivo, lejos se está de una solución inmediata.

Por lógica consecuencia política y de consideración territorial, la promesa de Manzur nunca llegó. Es más, desde la petrolera estatal YPF se dijo que llegarían dos barcos con la provisión que hace falta y, sumado a otro que habría encargado una petrolera privada, el com­bustible no solo alcanzaría sino que también iba a so­brar.

Las cosas fueron al revés de las promesas, y hoy la cuestión empieza a ser preocupante, de pasar del dis­curso a la realidad acuciante, y con aumentos en el va­lor del producto precisamente por la poca cantidad que hay en las estaciones de servicio.

En este marco vale remarcar que las empresas afecta­das (el transporte de cargas, el transporte de pasajeros del larga distancia, los productores que están levan­tando cosechas, los estacioneros) marcaron que esa si­tuación se iba a agudizar en el inicio del invierno. Pues así fue, y algunos propaladores oficialistas tuvieron la insensata idea de que no se trataría de una noticia preocupante, sino todo lo contrario: marcaba esto la plena acción productiva de un país que se está ponien­do en marcha, se escuchó decir.

Pero lejos de esta cuestión, lo cierto y concreto es que se está muy cerca de la parálisis del sistema productivo, tal lo denun­ciado en las últimas horas. En Co­rrientes, el gobernador Valdés reci­bió a los estacioneros, empresarios propietarios de las terminales de combustibles con quienes anali­zó la situación, y luego se reunió con productores para conocer de primera mano la situación que se padece con esta realidad.

El mandatario correntino pro­metió gestiones, aunque bien se sabe está lejos de su alcance como mandatario el proveer del com­bustible que hace falta para seguir la marcha de la pro­ducción y el comercio en la provincia.

El gobierno nacional (y la oposición también) están enfrascados en disputas políticas que atañen al puerto, y dejan en segundo plano la realidad del interior a pun­to de llegar al limite de las fuerzas de las maquinas por la falta de gasoil.

Es una muestra más (y de las peores) de las desigual­dades que se dan en un país federal que tiene compor­tamientos unitarios, con una marcada discriminación hacia el norte, postergado en obras de infraestructura de esas que son necesarias para el desarrollo de las eco­nomías regionales. Corrientes, entre ellas, es testigo y víctima de un accionar permanente desde la Nación