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La bola de nieve del FdT

Desde que asumió, Alberto Fernández au­mentó la deuda pública 56 millones de dólares por día. Ya le ganó a Mauricio Macri

Casi todos los economistas coinciden en el diagnóstico sobre los motivos de la corrida financiera que ha estremecido al país en los últimos días, opinan en ese sentido que la depreciación de los bonos nacionales emitidos en pe­sos, la estampida del dólar informal -que ayer bajó un poco-, la caída de la acciones en las bolsas local e inter­nacional, se debe al desbande de operadores que tie­nen puestas sus inversiones en los papeles argentinos. De pronto divisaron una señal negativa y comenzaron a desarmar sus posiciones en pesos y se corrieron a la moneda norteamericana. En medio de esto juega la inflación que no tiene control. Hasta aquí las conse­cuencias, el efecto de una inercia producto de la falta de un plan económico integral. Si el gobier­no del Frente de Todos tienen un plan, no estaría funcionando.

El problema de tener tantas variables desajustadas se vuelve más grave con el endeudamiento colosal que está generando la ad­ministración de Alberto Fernán­dez. Es como una bola de nieve que se vuelve cada vez más gran­de. Antes de que finalice junio, el Gobierno tiene que "levantar" una deuda superior a los 500.000 millones de pesos; obviamente no tiene ese dinero, de tal modo que renovará la deuda con intereses todavía más altos, con suerte a un plazo más largo. No es esta la única complicación que se avecina, de aquí a fin de año la Casa Rosada tiene que enfrentar al menos tres ven­cimientos de igual magnitud. Son bonos en pesos, con intereses ajustables por inflación. Es decir que se está armando una montaña imposible de limpiar, tal como ya se hicieron con las Lebaq y las Leliq, un agujero ne­gro por donde se escapa el dinero.

Fernández, el presidente guitarrero, y su ministro de Economía, Martín Guzmán, tienen dos opciones, o renuevan las deudas a tasas de interés todavía más altas, inflación más un porcentaje extra, o emiten pe­sos -fabrican billetes- para cumplir con los pagarés. Lo primero significa hacer más grande la bola de nieve; la segunda opción alimenta la inflación.

El cuadro es muy delicado. Está claro que no lo resol­verá Fernández, le quedará a la próxima gestión, pero el hecho es que no hay freno para la suba de la deuda pública del Estado Argentino. 

Desde que asumió el Gobierno el 10 de diciembre de 2019, la administración de Alberto Fernández incre­mentó el pasivo a un ritmo de US$56 millones por día. De esta forma, en cada despertar cada argentino debe US$1.200.000 que la noche anterior.

La deuda pública total se ubicó al 31 de mayo de 2022 en US$374.563 millones, lo que implica un in­cremento de US$51.471 millones, según el Ministerio de Economía. Esto implica además, a dos años y medio de la asunción y a los dis­cursos en contra de la deuda, que el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández ya superó en US$6.000 millones el crédito que Mauricio Macri obtuvo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y que provocó fuertes disidencias en la coalición gobernante.

Si se compara con mayo del año pasado, la deuda pública tuvo un incremento de US$33.444 mi­llones y respecto de abril subió en US$276 millones, siempre de acuerdo a los datos oficiales. El 63% de la deuda total está en títulos públicos -US$236.090- con más del 45% nominada en moneda extranjera, un 17,67% en moneda local.

Los compromisos con organismos internacionales abarcan el 21,64%, dominando la deuda con el FMI que está computada en US$44.839 millones, sobre un total de US$71.713. Dentro de este grupo, el segundo mayor acreedor es el BID con US$13.840. De las planillas ofi­ciales surge además que la deuda en pesos se incre­mentó un 65% en el último año a US$66.180 millones. Dentro de ese universo los títulos ajustados por infla­ción alcanzan a US$54.249 millones, unos US$9.400 millones por encima del pasivo con el FMI.