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Más presión sobre la inflación

La sensación que flota entre la gente, cuya actividad laboral está atada al combustible, es que la salida de las crisis siempre se resuelve estrujando el bolsillo de los consumidores.

En medio del desabastecimiento que sufren la mayoría de las provincias y especialmente el Norte argentino, el precio del gasoil aumentará 12% conforme a un entendimiento al que arri­baron todas las petroleras, incluida la estatal YPF, con el guiño del gobierno del Frente de Todos. El anuncio asomó ayer a la tarde y todo indica que a partir de la medianoche los estacioneros comenzaron a cambiar sus carteles de precios, de tal modo que hoy los conduc­tores de vehículos gasoleros que pasen por una estación de servicios sentirán la remarcación. Hasta el cierre de esta columna no había precisiones sobre qué pasará con las naftas, pero el hecho es que el aumento del gasoil significará más presión inflacionaria.

A la par de este anuncio poco alentador, ayer la administración de Alberto Fernández dio otro va­ticinio preocupante. Sucede que elevó la proyección de inflación para 2022 a un rango de entre 52% y 62%, lo que representa un alza de 14 puntos respecto a lo fir­mado en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Aunque la proyección oficial tiene destino de yerro, como todos los pronósticos que dio el Ministerio de Economía, ya que los especialistas señalan que la variación anual de la in­flación se aproxima al 80%, el hecho de que el Gobier­no reformule hacia arriba su propia meta inflacionaria es una muestra de la gravedad del problema en curso. 

No son pocos los economistas, de distintas escuelas y orientación ideológica, que consideran que el país, a este ritmo, va camino a una inflación de tres dígitos. Cuando llegue a esa instancia, es decir una inflación anualizada del 100%, Argentina entrará en el peligroso terreno de la hiperinflación.

Como sea, mientras la suba de todos los precios van al galope, sin freno, el equipo económico que encabe­za el ministro Martín Guzmán admitió que habrá una flexibilización de las metas firmadas con el Fondo Mo­netario para el segundo y tercer trimestres, pero man­teniendo los objetivos anuales de déficit primario de 2,5%, la acumulación de US$5.800 millones de reser­vas y una asistencia monetaria de 1% del PBI. "Las me­didas que anunciamos obedecen a la lógica de atender el shock que produjo el evento inesperado de la guerra", afirmaron en el Ministerio de Economía.

Mientras tanto en las calles hay un clima cada vez más espeso de incertidumbre y cansancio. Lo que está ocurriendo con el combustible agrega más tribulacio­nes, ahora al porteño o al bonaerense que hasta hace una semana no sentían la escasez de gasoil. El déficit también llegó al Amba. 

La sensación que flota entre la gente, cuya actividad laboral está atada al combustible, es que la sali­da de las crisis siempre se resuelve estrujando el bolsillo de los con­sumidores. La suba del precio del gasoil abona esa sospecha genera­lizada. 

Ayer, en el marco de una serie de medidas tendientes a morigerar el impacto del desabastecimiento, el Gobierno autorizó a las petrole­ras a incrementar la capacidad de abastecimiento de gasoil a través de una mayor cantidad de "corte" de biocombustibles. Eso implicará un mayor costo para las compañías, de aproximadamente un 7% de impacto en el público. Pero, además, habrá una recomposición adicional cer­cana al 5%, según lo decidido por las empresas.

El litro de gasoil común pasaría, en Buenos Aires, de los $113 actuales a más de $126. En los premium, pa­sará de $145 a $165, siempre en los surtidores de YPF. Las otras banderas (Axion, Shell, Puma) suelen manejar precios más elevados. 

En Corrientes y las provincias vecinas del NEA el precio del combustible es mucho más alto que en el centro del país. La asimetría viene desde hace mucho tiempo y no se corrige, por el contrario la brecha se va ensanchando.s

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