Chaco Corrientes SoyNorte Club
Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.nortecorrientes.com/a/177452

El destino ante el legado histórico

La realidad es la única verdad. Apotegma del peronismo, que nada tiene que ver con el modelo kirchnerista que el Presidente y su vice representan.

La conmemoración del Día de la Bandera, que en los hechos es un tributo a Manuel José Joa­quín del Corazón de Jesús Belgrano, el creador de la enseña patria, mostró la profunda grieta que divide al Poder Ejecutivo nacional; el presidente Alberto Fernández encabezó un acto oficial por su lado, mientras por el suyo, la vicepresidenta Cristi­na Elisabet Fernández de Kirchner ensayó una clase abierta de economía y política en una central sindical que la sigue con fanatismo. Ambos evocaron al pró­cer y, como es costumbre, interpretaron su legado en función de los intereses personales. Fernández, el del bastón y la banda, afirmó: "Argentina no es ese país sin destino que algunos quieren plantearnos". Fernández, la que tiene los votos, dejó entrever que sucede todo lo contrario, denun­ció un "festival de importacio­nes" y apuntó contra ministerios y organismos claves del Gobierno nacional. Así le va al país, los en­cargados de conducir el destino del colectivo tienen dos diagnós­ticos distintos, dos miradas y, se­gún se colige, también dos metas. Al menos está claro que tienen dos modos diferentes de encarar la gestión.
No es solo una cuestión de métodos, en la ejecución también se calibra el rumbo. ¿Hacia dónde va la Argen­tina? es la pregunta que importa. Los socios electorales, Alberto Fernández y Cristina Fernández, cada uno por su lado, dicen hacia dónde quieren llevar al país, cuál es su deseo, qué objetivo pretenden para la Nación. A esta altura es un ejercicio fútil de la dialéctica política, pues la realidad está a un mundo de distancia de sus sueños. Y la realidad es la única verdad. Apotegma del peronis­mo, que nada tiene que ver con el modelo kirchnerista que el Presidente y su vice representan.
El derrotero del país evidencia el fracaso de 20 años de gestión K, incluido los cuatro años de Mauricio Macri, que fue un híbrido inoperante con mejores modales que sus adversarios. El derrumbe económico y social, con dos dígitos de desocupación y aproxima­damente un 40% de la población sumergida en la po­breza, es el resultado de cuatro años de Néstor Carlos Kirchner, ocho años de Cristina Kirchner, cuatro años de Mauricio Macri y el mandato en curso de Alberto Fernández. 
Los hastiados tal vez digan es el resultado de la po­lítica. El concepto, aunque doloroso y ciertamente pe­ligroso, tiene donde anclar, los males de la Argentina no son de generación espontánea, no obedecen a la mala suerte y no se trata de un castigo divino. Es la cosecha de lo sembrado durante dos décadas.
El problema es que aquellos que tienen que ofrecer soluciones a los problemas no se identifican con ninguna de las dos partes, ya sea como causantes del problema ni como responsables de encontrarle una salida efectiva. 
La dirigencia de estos días evo­ca a Belgrano, queda lindo en tiempos de alta mediatización social, pero son frases huecas. No entienden la lógica de su entrega y no tienen un pizca de coraje para comprometerse en la causa del bien común.
Alberto y Cristina hablan del país, de su destino, pero piensan en el poder interno. Sus mensajes, camuflados con una semántica de interés general, tiene como desti­natarios a los integrantes de la alianza de gobierno; su alianza. Alberto y Cristina se expresan adversaria­mente sobre el rumbo de la Argentina desde la misma boleta electoral. 
Es un caso de diván. No sería grave, de hecho, sería parte del escarceo propio de la política partidaria, si no fuese porque los argentinos están retenidos en el tironeo infernal de los Fernández. Cualquier parecido con una toma de rehenes no es pura casualidad. 
Degradante reflejo de aquel sueño de nación que tuvo el abogado, economista, periodista, político, diplomático y militar argentino llamado Manuel Belgrano.